13 mitos sobre los misioneros

Los misioneros a tiempo completo siempre han estado rodeados de mitos.

Esto me parece dañino por varias razones. Gracias a estos mitos muchos jóvenes creen que nunca podrían ser misioneros, otros salen a la obra misionera totalmente ciegos a lo que tienen por delante. Y finalmente, porque estos mitos son obstáculos para que los misioneros sean conocidos en toda su vulnerabilidad y reciban el apoyo espiritual, mental y emocional que necesitan.

Entonces, me puse en contacto con algunos misioneros, familiares de misioneros y amigos de misioneros para preguntarles sobre los mitos más comunes y hoy les comparto sus respuestas.

ian-keefe-274763
Imagen de Ian Keefe en Unsplash

1. Antes de ser misionera, escuchaba muchas historias de cuando personas se salvaban y se formaban asambleas. Para nosotros, realmente es un alma aquí, y otra allá, entre muchas decepciones y mucho trabajo arduo. 

2. Algunos creen que los misioneros no pueden regresar a su lugar de origen o ser llamados a una obra diferente. Como que se les olvida que Dios los llamó a salir y puede llamarlos a regresar.

3. Un gran mito de la obra misionera es que cada día es una experiencia gloriosa, que las almas acuden en masa para oír el evangelio y se salvan docenas de personas a la vez.

4. Las personas creen que no hacen trabajo físico, pura Biblia y predicar, nada de construir y arreglar…

5. Hay mucha presión sobre los misioneros para tener la familia perfecta y no ofender a los que los rodean. 

6. Hablando de lo económico, que siempre tienen bastante.

7. El mismo misionero cuando llega a la obra puede pensar que desde ese momento en adelante nunca tendrá un punto bajo, sino que será pura montaña espiritual, mental y emocionalmente. Que estas cosas no lo pueden tocar por su alto llamado. Puede ser un mito que el mismo misionero se está contando o puede ser lo que otros en su lugar de origen piensan de él o ella. 

8. Que realmente no trabajan, se les da dinero por estar sentados todo el día y a veces predicar por las noches.

9. Sus hijos deben comportarse mejor que los hijos de cualquier otro creyente. La verdad es que los hijos de los misioneros nacen pecadores también. 

10. La obra misionera sólo se trata de predicar, que no incluye cosas como trabajar físicamente, ser consejero de alguien, etc.

11. A veces la gente de su lugar de origen dice que la vida misionera es muy glamorosa y sólo regresan para recolectar ofrendas.

12. Que en la obra misionera no hay complicaciones porque estás haciendo la obra de Dios.

13. Los misioneros son básicamente indestructibles, no necesitan apoyo moral ni consejería, que nunca se sienten solos ni tristes y que pueden sobrevivir sin ese apoyo en la obra misionera por tiempo indefinido. 

Estas fueron las respuestas que me dieron. ¿Hubo algo que te sorprendió? ¿O sabes tú de algún mito común? ¿Por qué crees que se piensa esto de los misioneros? ¿Qué podemos hacer para que no se sigan propagando?

12 cosas que estoy aprendiendo en el 2ndo año en la obra misionera

Ya cumplí dos años de casada, dos años en Irapuato y dos años como misionera. (Sí, ¡todo sucedió muy rápido y casi al mismo tiempo!) Quiero compartir lo que el Señor me ha estado enseñando en este último año.

  1. A orar a diario sin falta. Es tan fácil posponer el tiempo devocional cuando por un lado estoy exhausta físicamente y por otro lado tengo los días llenos de actividades “espirituales.”
  2. La importancia de buenas amistades. Es esencial tener amistades fuertes cuando tu trabajo es invertir en otros.

  3. Que mi hogar es todo un campo misionero. Como ama de casa, puedo y debo mostrar hospitalidad a creyentes e incrédulos y vivir el Evangelio ante ellos.

    andrik-langfield-petrides-289331
    Imagen de ANDRIK ↟ LANGFIELD ↟ PETRIDES en Unsplash
  4. A poner un alarma cuando estoy hirviendo frijoles para los hermanos que vamos a hospedar, porque ¡siempre se me olvida echarles más agua y se me queman!
  5. La importancia de descansar. La obra misionera nunca se detiene. Siempre hay alguien que te necesita. Pero, yo también soy humana y no puedo trabajar sin parar. Hay que tomar tiempo, ya sea un ratito a diario o un día a la semana, para pasar tiempo con el Señor, con la familia y hacer cosas que restauran el espíritu.
  6. Y siguiendo ese tema, que en la obra del Señor, ¡la risa es tan necesaria como la oración!

  7. La importancia de mi familia. Como esposa, mi primera responsabilidad es a mi esposo. Cuidar la casa y atenderlo a él es mi primera responsabilidad ante Dios. El blog, los estudios personales, la repartición de folletos vienen después. Él es mi primer campo de servicio.

    desiree-fawn-68030
    Imagen de Désirée Fawn en Unsplash
  8. Que sólo respondo a Ricky, a mis ancianos y a Dios por lo que hago. Por más opiniones que compartan los demás, no voy a rendirles cuentas a ellos. Es importante recordar esto al tomar decisiones en la casa y la obra misionera.
  9. Los placeres sencillos de ver crecer la creación de Dios. He tenido la oportunidad de observar el milagro de una semilla que se convierte en una plantita, que con el tiempo produce fruto. ¡Qué increíble, cuán maravillosa, la creación de Dios!

  10. Que los creyentes muestran mucha gracia para conmigo y los errores que cometo. Esto me lleva también a querer mostrar gracia cuando otro hermano o hermana hace algo incorrecto. Todos nos equivocamos y es maravilloso experimentar la gracia de Dios a través de los hermanos.

  11. Lo absurdo de ponerse un horario estricto. La vida no es predecible y tener un horario con actividades diferentes a cada hora sólo lleva a la frustración. Es bueno, de hecho, imprescindible, tener metas para lograr cada día. Pero, hay que ser flexibles con los deberes del día porque Dios también obra en los momentos espontáneos.

  12. Que a veces lo mejor que uno puede hacer es tomarse un té e irse a dormir. ¡En la mañana todo se ve diferente!

    mira-kemppainen-209536.jpg
    Imagen de Mira Kemppainen en Unsplash

lo que hay en el corazón

alex-holyoake-354923.jpg
Imagen de Alex Holyoake en Unsplash

En septiembre de 2013 pasamos un susto terrible cuando uno de nuestros alumnos de la clase bíblica terminó en el hospital.

Lalo había sufrido algún tipo de ataque cardíaco.

Gracias a Dios, salió bien. Resulta, que nació con un problema del corazón. Pero, no teníamos idea.

Esa semana, fue testigo de una pelea fuerte y el susto le causó una reacción en su corazón.

Ahora, está corriendo como si nada, igual de travieso que siempre. Pero nunca olvidaré el momento en el que su hermana me dijo por qué no podía venir a la clase ese día. ¡Casi me da un ataque a mí! Comencé a orar como nunca lo había hecho antes.

De repente, entendí lo que había en mi corazón.

Cuando la Muerte se acerca a uno de tus niños de esa manera, los ojos del alma se enfocan de inmediato. Ven con una inusual claridad y agudeza lo que realmente es importante.

En ese momento, me di cuenta que Lalo necesitaba el Evangelio.

Otra vez. Necesitaba saber de su pecado y la forma que Dios ofrecía de salvarlo.

¡No podíamos perder a Lalo!

Apenas estaba creciendo. Apenas estaba memorizando versículos de la Biblia. A penas estaba empezando a entender la disciplina y el amor. ¡Y aún no era salvo!

Y luego, pasó la crisis.

Después de unas semanas, pudo levantarse de nuevo. Luego, se le dio permiso de jugar de nuevo, con tal de que no corriera ni se emocionara (¡para cualquier niño de 8 años, una imposibilidad!). Pronto, la gente dejó de preguntar cómo estaba.

Podíamos ver que estaba bien.

Y ¿qué pasó en nuestros corazones?

¿Permanece en mí ese deseo intenso de que Lalo conozca el Evangelio? ¿Aún siento la urgencia de que él tiene que saber de la salvación? ¿Aún oro tantas veces al día por su alma?

No estoy diciendo que debemos permanecer en un estado de crisis emocional constante.

Pero, sí debemos constantemente actuar como si la salvación fuera algo urgente.

Por que lo es.

la hermosura de ser maestra

Hace unos años, me contaron algo que casi me hizo llorar. Lo escribí en el momento y lo acabo de volver a encontrar.
caleb-woods-269348
Imagen de Caleb Woods en Unsplash

Betito* tiene 5 años y es uno de mis alumnos más quietos.

Después de un año en mi clase bíblica, por fin comienza a responder a las preguntas. Las únicas participaciones que ha tenido hasta ahorita, son en decir su versículo de memoria. Betito es un niño pequeño, con pancita de bebé aún y ojos cafés grandes. Su cabello es castaño claro, tan claro que casi se ve rubio, y tan corto que a penas se le notan los rizos. Aunque, es muy educado, siempre parece estar distraído, esté en clase o platicando después.

Es uno de los alumnos que no sé si realmente están absorbiendo la información o no.

Sus padres han tenido problemas con su familia durante años porque es muy religiosa. Y desde que murió la bisabuela de Betito, todo se ha puesto peor. Hace unos días, estaban visitando a su abuela cuando ella le dijo que iban a orar por el alma de su bisabuela.

Él le contestó que no, que él y su mamá ya iban a salir.

Le contestó su abuela, “Bueno, vamos a rezar a la Virgen para que te proteja y te lleve con seguridad a donde vayas.”

“No necesito a la Virgen. El Señor Jesucristo murió por mis pecados.”

“¿Quién te dijo eso?”

“Mi maestra Erika.”

*Cambié el nombre por cuestiones de privacidad.

la vez que me di por vencida

Esta es otra entrada que ya tiene varios años, pero el mensaje es muy importante hoy.

olivia-snow-265289.jpg
Imagen de Olivia Snow en Unsplash

En enero de 2012, quité a Vanesa* de mi list de oración.

La había agregado unos años antes, cuando mi amiga me pidió que orara por su restauración y bienestar espiritual. En ese tiempo, no le iba tan bien.

Vanesa no vivía cerca de mí, entonces al orar, no pude observar los resultados. Con el tiempo, me enteré de que había completamente dejado de reunirse con la iglesia local. Ya no participaba en los eventos de la asamblea; al parecer simplemente no le importaba.

Entonces, al iniciar el año, cuando agregué a varios hermanos nuevos a mi lista de oración, tomé una decisión difícil. Suspiré, agaché la cabeza y decidí mejor usar mi tiempo de oración para el beneficio de otros.

Con tristeza, reemplacé su nombre.

No quería decir que jamás oraría por ella de nuevo, simplemente ya no la incluiría en mi tiempo de oración diario.

Pero, Dios me tenía una sorpresa.

Y una amonestación.

A finales del mes de enero, recibí un correo de mi amiga. Me contó que Vanesa había decido enfocarse más en agradar a Dios y se estaba congregando de nuevo.

¡Qué poca fe! Yo me había rendido justo antes de que Dios mostrara el fruto de todas esas oraciones y todo el esfuerzo de los hermanos.

Dios no se dio por vencido con ella.

¡Qué vergüenza reconocer que yo sí lo había hecho!

“[Mujer] de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Mateo 14:31

Y ¡qué gozo saber que Él jamás se dará por vencido conmigo tampoco!

¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida… Isaías 49:15,16a

*Cambié los nombres y algunas circunstancias por razones de privacidad.