12 cosas que aprendí en mi 3er año como misionera a tiempo completo

En agosto cumplí tres años como misionera a tiempo completo oficialmente. Los otros dos años,  compartí 12 cosas que había aprendido en los 12 meses previos y fueron de las entradas más populares así que, este año, ¡lo repito! Espero lo que aprendí sea para tu provecho e inspiración.

La obra no depende de mí. Quizás esta ha sido la lección más importante este año. Cuando Ricky se enfermó y tuvimos que estar fuera de Irapuato dos meses, los hermanos siguieron adelante. El Señor continuó obrando en la colonia del Centro Bíblico. Las personas aún pudieron escuchar el evangelio. Cuando estoy aquí, sí, puedo y debo ayudar. Pero, Él hace la obra en los corazones, esté yo o no.

La importancia de cuidar mi hogar. Cuando tomo tiempo extra para dedicarme a limpiar, a hacer algo especial de comer o simplemente a pasar tiempo con Ricky, él lo aprecia mil veces más de lo que yo esperaba. Empiezo a entender por qué dicen que las esposas tenemos muchísimo poder y potencial. Podemos ser la energía que anima a nuestros esposos a ser todo lo que el Señor espera, o podemos ser el peso que no los deja avanzar ni emocionalmente, mucho menos espiritualmente.

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Imagen de James Balensiefen en Unsplash

Tener la aplicación EveryDollar en el celular funciona muy bien para administrar las finanzas. ¡Mi vida ha sido mucho más fácil desde que empecé a usarla!

Si estás buscando la voluntad de Dios y no sabes si tienes paz, no la tienes.

¡Me encanta hablar de libros y creo que necesito un club de lectura! De ahí, mi nuevo blog.

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Imagen de Annie Spratt en Unsplash

La importancia de trabajar en comunión con hermanos de otros lugares. Tuvimos la oportunidad de visitar, entre otros lugares, a los hermanos en Iguala, Guerrero. ¡Nos fue de mucho ánimo ver cómo están creciendo y contarles cómo van las cosas en Irapuato, también! El Señor nos creó para tener comunión y descuidarla nos perjudica emocional y espiritualmente.

A coser. ¡Me hice una falda! Digo, está muy, muy fea, pero, ya empecé. ¡Y seguiré hasta poder hacerme algo que sí me pueda poner en público!

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Imagen de Volha Flaxeco en Unsplash

Aunque la rutina no es regla, sí es saludable. Al regresar a casa, disfruté mucho regresar a una rutina diaria. No se puede seguir de manera rígida porque la vida siempre manda cosas inesperadas, pero realmente sí necesito una rutina para avanzar en mi trabajo ¡y más que nada por salud mental!

La impresión que se lleva alguien consiste en un 55% de tu vestimenta, en un 38% de tu lenguaje corporal y sólo en un 7% de tu mensaje (lo que dices.) ¡Resulta que la manera en que me visto es importante! Y más porque mi trabajo es llevar el mensaje más importante del mundo: el evangelio.

¡Me encanta poner una mesa elegante! Realmente, yo no sabía que me gustaba tanto pero una amiga me informó que ella sabía que me gustaba lo elegante pero que yo lo estaba dejando a un lado. Lo intenté un par de veces, ¡y ella tenía toda la razón! Unos detalles bonitos en la mesa me hacen feliz.

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Imagen de Katrien Sterckx en Unsplash

  Es horrible ver a un ser querido, que normalmente es muy fuerte, acostado en cama sin poder moverse.

  Es maravilloso poder depender de los hermanos en Cristo cuando tú no puedes con la carga. Si algo aprendí a través de la enfermedad de Ricky es el amor del pueblo del Señor. Nos rodearon, nos abrazaron y nos cuidaron cuando me sentía abrumada, débil y temerosa. Estoy muy agradecida por mis hermanos en Cristo.

Mi manera preferida de evangelizar

Le pregunté a una amiga que fue misionera durante muchos años cuál es su manera preferida de compartir el evangelio. ¡Les comparto su respuesta, esperando les inspire!

Mi manera preferida de compartir el Evangelio es en conversación cuando visito a las personas. Como enfermera misionera en Zambia, muchas veces se me daba la responsabilidad de explicarles a los pacientes su diagnóstico médico. A veces eran noticias que deprimían a los pacientes y quería darles un poco de esperanza a la vez, entonces hablaba del Cielo y del Hijo de Dios que nos amó y se dio a si mismo por nosotros en la cruz del Calvario. Muchas veces, el paciente estaba a penas procesando las noticias del diagnóstico y el Evangelio no penetraba, pero en otras ocasiones los pacientes se aferraban de esta esperanza eterna que tenemos en Cristo Jesús.

También me encanta regalar literatura cristiana en las frecuentes ocasiones que tenemos en la vida para detenernos unos momentos, en gasolineras, en restaurantes o caminando en el parque. Disfruto las historias que oigo de los muchos que han acudido al Salvador simplemente por leer un folleto o una revista VÍA.

Otra de las maneras preferidas de compartir el evangelio es a través de la enseñanza de los niños en la Escuela dominical. He llegado a tener sesiones espontáneas de clases bíblicas en Zambia cualquier día de la semana y en cinco minutos ya tenía un grupo grande. Escuchaban de manera atenta mientras se leía y se explicaba la Palabra de Dios. Sabemos que leer la Palabra de Dios NUNCA es malgastar tiempo. Una simple historia de la Biblia puede ayudar a que el Evangelio quede claro en la mente de un niño y salvar almas por la eternidad. Aún aquí en Canadá, me encanta enseñar a los niños, sabiendo que cada uno de ellos tiene un alma que salvar.

Últimamente, he sentido convicción acerca de testificar a mis amigos y vecinos quienes posiblemente me darían las gracias por compartir las noticias de vida eterna que se ofrece a todos. He oído varios testimonios últimamente de gente que dijo, “¿Cómo es posible que un cristiano se quede con estas buenas noticias de vida eterna?” Son las mejores noticias del mundo y son para todos. Quizás no muchos las quieran oír, pero uno nunca sabe cuando alguien podría quedar encantado de oír este mensaje de esperanza y acudir al Salvador. ¿Cómo responderé al Señor en el día venidero cuando me pregunte, “¿Por qué no les hablaste de Mí a los que te rodeaban?

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Tanis Walker fue adoptada a la familia de Dios a la edad de 7 años, fue enfermera misionera en Zambia durante veintidós años y es madre adoptiva de dos niñas hermosas. Ahora, se congrega en el local 5th Avenue en Portage la Prairie, Canadá y disfruta su nuevo trabajo como enfermera particular. Su versículo favorito es el Salmo 18:30 y su palabra favorita es “imaginar.”

cómo llegué a ser misionera a tiempo completo

Una vez me pidieron que compartiera a un grupo de mujeres jóvenes cómo me había llamado Dios a servirle. 

¡No sabía qué decir! 

Cierto, Dios usó algunos versículos para convencerme que debía pasar más tiempo en el trabajo del Señor que en el trabajo de la oficina. Cierto, Dios me mostró que era su voluntad que me casara con un misionero. 

¡Pero, todo eso aún no había pasado! Faltaban unos dos años para que eso sucediera. ¡Yo aún no era misionera! Sólo ayudaba en mi asamblea.

¿Por qué me estaban pidiendo que compartiera sobre cómo Dios me había llamado a servirle? 

Medité en el tema durante meses. Y finalmente me di cuenta de lo que había pasado en mi vida.

¡Ya sabía lo que iba a decir! 

“Haz lo que tienes en frente.” 

¡Eso era todo! 

En mi asamblea, se necesitaban sacudir las sillas. Entonces, las sacudí. Se tenían que limpiar las ventanas del local, las limpié. Faltaban maestras. Entonces, comencé a enseñar. Hacía falta quién fuera por los niños en una camioneta. Entonces, comencé a ir por ellos. Faltaba alguien que pasara por los niños entre semana porque querían venir a los estudios. ¡Pues, también lo hice! 

No hice todo lo que se necesitaba hacer en la asamblea. Pero, cuando había algo que yo sí podía hacer, lo hacía.Requería de tiempo, de compromiso y de amor. Y no siempre hice lo que debía hacer. A veces lo hacía con mala actitud. Pero, sabía que en el fondo de mi corazón, quería estar allí sirviendo aunque no fuera en circunstancias ideales.

Y cuando me di cuenta, comencé a tener más oportunidades para servir.

Y me empezó a hacer falta el tiempo. Y pensé en cambiar de trabajo para tener más tiempo para servir en la asamblea. 

Unos años después, tuve la oportunidad de dejar el trabajo secular, para ser misionera. 

No soy misionera porque soy una creyente extraordinaria.

¡Para nada!

No soy misionera hoy porque pasaba horas estudiando la Palabra, ni porque Dios me dio dones increíbles. 

Soy misionera, porque cuando no sabía cómo servir, hice lo que tenía en frente. 

Pasé años en servicio general, antes de que Dios me indicara cuál era su llamado específico. Fueron años de sacudir, pintar, escribir, manejar, limpiar mocos y dar abrazos. Dios no me llamó a servirle en cosas específicas cuando yo estaba sentada en una oficina esperando su llamado. Dios me dio un llamado específico mientras le servía. (Es un principio que se ve en 1 Reyes 19.19-21, también.)

De hecho, mi servicio a Él fue la manera en que me llamó.

Porque me fue dando oportunidades de servicio y al aceptarlas, Dios me fue llevando una por una hasta llegar a un servicio o llamado específico.

Entonces, si no sabes cómo servir, si no sabes cuál es tu llamado de Dios, este debe ser tu primer paso:

haz lo que tienes en frente. 

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Imagen de Caroline Attwood en Unsplash

Luego, haz el siguiente trabajo que Dios te pone. 

Sirve en la siguiente oportunidad. 

Y así, Dios te irá guiando hacia tu llamado. 

mi héroe

¿Tienes un misionero favorito? 

Obviamente me refiero a los grandes héroes. Los que a través de la historia siguen llamando la atención. Los nombres del Salón de la Fama de la Fe como Pablo de Tarso, Gladys Aylward y Nate Saint. ¿Quién es tu héroe? Amy-Carmichael-from-wiki

La que más me inspira es Amy Carmichael.

Su biografía se ha publicado ya y no pienso agregar nada a esas obras excelentes. Pero, sí quiero compartir por qué es tan asombroso para mí su trabajo. 

Amy tenía compasión. 

Para ella, el rescatar miles de niñas no comenzó como un proyecto a completar. Simplemente, ayudó a los que pudo. Mostró la compasión de Dios a los indefensos. En donde podía, ayudaba y el resultado fue que miles de niñas fueron rescatadas de la muerte o la prostitución en los templos. Su corazón de compasión la impulsaba a ayudar. 

Amy era decisiva.

De hecho, su firmeza y determinación rompieron las impenetrables barreras de las castas en India. En su hogar, nadie era demasiado bueno para ningún trabajo y al asignar tareas, no se tomaban en cuenta las clases sociales. En la cultura de India, esto era inconcebible y otros misioneros le avisaban que ir en contra del sistema de castas tendría resultados desastrosos. Pero, ella estaba decidida y fue exitosa en mostrar a los que la rodeaban que todos eran iguales ante ella y ante Dios.

Estas dos características quizás parezcan contradictorias, pero en ellas consistían el carácter de Amy Carmichael. Su compasión por las niñas perdidas la llevo a determinar que las rescataría. Su determinación, cosa que algunos llamarían obstinación, fue guiada por compasión. Estas dos características definieron su vida y es por eso que la admiro tanto. 

Quiero ser compasiva y decisiva. 

Quiero ser com Amy. 

Y tú ¿como quién quieres ser? ¿Por qué admiras tanto a tu misionero favorito? ¿Qué me puedes contar de él o ella?

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el Señor trajo un alma (y luego más)

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Imagen de hiva sharifi en Unsplash

El otro domingo, me encontraba en la puerta del Centro Bíblico llamando a los niños por sus nombres porque Ricky y yo los íbamos a llevar a sus casas.

Gabi, una niñita de cabello ondulado, ojos grandes y una sonrisa chimuela, se me acercó. “Maeta, ¿va a haber case oto día?”

“¿Me preguntas si vamos a tener estudio entre semana? ¿Cómo el miércoles?”

Gabi asintió con la cabeza.

“Sí, el miércoles a las siete de la tarde hay un estudio.”

“¿Y puedo veni?”

¡No puedo expresar el gozo que sentí cuando oí esas palabras! ¡Una niña que quería venir con más frecuencia! ¡Un alma que oiría la Palabra de Dios más!

“Sí, si quieres podemos pasar por ti.”

Gabi ya tiene más de un mes viniendo los miércoles, cuando tenemos oración y estudio. Y en varias ocasiones también ha decidido quedarse a la predicación del evangelio el mismo domingo. Cuando se enteró su primo, él también quiso venir. Y así hemos llegado a tener entre 2 y 5 niños en las predicaciones últimamente. ¡Y qué gozo nos da verlos ahí!

¿Qué fue lo que hizo que Gabi hiciera esa pregunta?

¿Por qué se le ocurrió venir? Lo hizo unos domingos después de una predicación especial. ¡Quizás se esperaba otra comida!

La verdad, no tengo las respuestas.

Pero, estoy agradecida con Dios porque tocó su corazón de alguna manera. Quizás fue porque hay una maestra que le habla por su nombre cuando le da la bienvenida, quizás porque hay un maestro que la saluda de mano y le pregunta cómo está. Quizás porque los maestros de la clase procuran mostrarle el amor de Dios.

Quizás no tiene nada que ver con lo que los maestros hacen o no hacen. A final de cuentas fue el Señor el que la trajo a oír más de su Palabra.