Paz del Señor

En cada tormenta,

en densas tinieblas,

con olas inmensas,

paz del Señor.

En persecuciones,

sufriendo crueldades,

y tribulaciones,

paz del Señor.

Si hambre padezco,

y me he enfermado,

la muerte acechando,

paz del Señor.

Una prueba

Yo no conocía

este dolor

y esta tortura

me es nueva.

Un peso en el pecho,

y el corazón

rodeado de presión,

nunca antes

lo había sentido.

Pero hoy sí.

Muy secos los ojos,

débil caigo

Ante este enemigo

sin respirar.

Totalmente sola,

agobiada

y golpe tras golpe,

cae sobre mí.

Mi cuerpo doblado,

–¡Ya no puedo!—

declaré mi verdad

mas sin saber

que era mentira.

Yo no conocía

este dolor.

Estoy descubriendo

(muchos saben),

con el sufrimiento,

se puede vivir.

temblor

Hace dos años un evento sacudió nuestro país. Muchos nunca habíamos visto tanta solidaridad y fueron momentos de orgullo, al igual que pena. Una amiga escribió un poema que me compartió este año ¡y tengo que compartirlo con ustedes!

TEMBLOR

Aunque retumben mar y tierra

Y sacudan hoy mi fe,

Aunque se venga abajo el mundo

Al final, no temeré.

Tú estarás conmigo siempre

A ti alzaré mi voz,

Y aun si partiera esta noche

En tus manos yo estoy.

En medio del dolor y llanto

Y la cruel desolación,

En los escombros de mi alma

Donde hoy no hay canción,

Ahí dame fuerza y refugio

Quiero escuchar tu voz,

Convierte hoy mi desconsuelo

En alabanza a Ti, Señor.

Hoy muéstrame misericordia

Y tu grande salvación,

Aunque la noche fría llegue,

Que me encuentre en la labor

De levantar al que ha caído

Y al hambriento darle pan,

Llorar al lado del que llora

Y la tiniebla alumbrar.

Viridiana Álvarez Tello

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Soy Viri, tengo 25 años y actualmente soy artista amateur. Poblana de nacimiento, como los chiles en nogada. Me gusta leer, escribir, dibujar, y de vez en cuando tocar la guitarra y cantar.

su alma, mi amor

Me enamoré de ella.

Sus ojos, con forma de almendra, llenos de alegría.

Sus labios, que jugaban y reían.

Su cabello, brillante en el sol y suave entre mis dedos.

Su voz, música, ya firme, ya tímida.

Pero, ah, ¡su alma!

Me enamoré de ella.

Su alma que abría el corazón compasivo,

al de corazón quebrantado,

que sentía dolor y simpatía

con aquel que contaba su sufrimiento,

que contaba algo chistoso

al que más necesitaba reír,

que compartía sabiduría

al que más lo necesitaba oír.

¡Ah, su alma!

que me daba aliento,

que era mi sol, mi luna,

que era mi razón de vivir.

Me enamoré de ella.

Sus ojos, rodeados de arrugas, llenos de alegría.

Sus labios, que juegan y ríen.

Su cabello, blanco y plateado, y suave entre mis dedos.

Su voz, música, ya firme, ya tímida.

Y ah, ¡su alma!

Sigo enamorado de ella.

montaña blanca

Hoy es un gusto compartirles un escrito poético no mío, sino de una amiga. ¡Espero lo disfruten como yo!

MONTAÑA BLANCA

Mira hacia arriba, mira la blanca montaña que acabas de conquistar.

Mira cuán pequeño eres.

Mira tus pies esforzándose por no caer. Le temes a la capa de hielo sobre el asfalto de una carretera estrecha y solitaria, temes resbalar porque aún te quedan por andar unos tres o cuatro kilómetros cuesta abajo, para llegar al pequeño pueblo donde te sentirás a salvo del gélido viento que ahora azota tu piel y quema tu rostro.

Mira a tu derecha, el Sol casi ha descendido por completo y pronto reemplazarán los tonos violetas al anaranjado y al rojizo que ahora inundan el horizonte.

La temperatura que continúa bajando con el Sol, tan escandalosa y estrepitosa, que lo puedes percibir hasta con el más pequeño de tus huesos.

Llegarás a tiempo, no deberás preocuparte por la helada noche, varios grados bajo cero.

Vivías en medio del verde, extendías la mano y encontrabas fácilmente una fruta jugosa y fresca que echarte a la boca. Los mangos maduraban y caían al suelo sin que nadie los recogiese, eran tantos que ya nadie quería comerlos.

La hora más agradable era justo la que antecedía al amanecer, cuando la noche alcanzaba su punto más fresco y tu piel se libraba por un poco del permanente calor.

No ha pasado tanto tiempo. Fue en una sola vida que el viaje te llevó hasta ese paraje nevado.

Te preguntas ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es un tiempo sin principio ni final?

Ahora crees entenderlo, la eternidad no es una línea dibujada, carece de estado, carece de forma. Piensas que es parecido a la sensación tranquila que ahora recorre cada milímetro de tu ser, cada fibra de tu alma y cada rincón de tu espíritu.

Aún hay más que quiero mostrarte, aún hay paisajes que pueden estremecerte.

Mira, mírame a mí.

Mira el cuadro que yace frente a ti.

Lo sientes, sientes un suspiro abandonar tu cuerpo y un pensamiento nacer en tus ojos y terminar en algún lugar de tus entrañas.

Me escuchas, me escuchas en el viento que en tus oídos pareciera cantar a murmullos sin palabras.

Abandónate a mí y colmaré tus sentidos.

Abandónate a mí y aprenderás de los misterios.

Abandónate a mí y hallarás aún y lo que todavía no sabes que buscas.

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Helena Tornel

Mi primer gran sueño fue escribir, mientras que publicar es uno que va naciendo. Soy escritor aficionado y mi género es la ficción y poesía lírica.

Nací en México, crecí muy cerca de Guatemala y he pasado la vida viajando. Espero que mis palabras sirvan cual ventanas a quien desee volar a través de las letras.