aquí vive un niño

Botitas tiradas
frente a la puerta,
un vaso de leche
con su tapadera,
y ese peluche,
en las escaleras,
desastre que grita:
Aquí vive un niño.

Hay muchos “te amo”
hay risa y besitos,
y justo al momento
que menos conviene
te abraza la pierna:
“¡Mamá, yo ayudo!” 
El ruido indica: 
aquí vive un niño. 

La casa era limpia,
la sala, tranquila.
Y antes, de noche,
se descansaba.
Mas con el desastre,
vino algo glorioso,
feliz esperanza:
aquí vive un niño.





tus palabras

Las palabras son entes vivas. 
Nacen todas verdes y doradas, 
gloriosas.
Y al tocar oxígeno
estallan en llamas
para alumbrar al mundo, 
abriendo mentes, 
tocando corazones. 

Pero tú les robas la vida. 
Salen de tu boca vanas, secas
marchitas.
Y al tocar oxígeno,
se las lleva el viento,
piezas desmoronadas,
desaparecen,
muertas antes de nacer.

la tormenta que conozco

Imagen de Matt Hardy en Unsplash
Esta tormenta la conozco.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Entraron hasta mi alma 
con amenazas que me helaron. 
Y luego, desvaneció. 

La tormenta me dejó 
quebrantada, pero me dejó. 
A ella, esta tormenta
la ataca, la ahoga, la cansa…
y yo nada puedo hacer.
Esta tormenta la conozco. 

Esta tormenta, la vuelvo a ver.
Los truenos, las olas, el viento cruel,
Hoy entran hasta su alma, 
Con amenazas que la helan,
y se vuelven realidad.

Mas, sí puedo compartir:
“Esta tormenta la conozco,
sé que a tu alma trae terror.
Pero también, conozco a Alguien
que aún esta tormenta, 
los vientos y el mar le obedecen.” 

dos maestros

Dios a veces nos enseña
y Bendición es la maestra.
Aprendemos la lección
disfrutando su enseñanza.
Pero en la Escuela Vida, 
ella única no es.
Dios a veces nos enseña
pero el profesor es otro
cuyo nombre es Dolor.

No es nuestro preferido, 
en el aula de la vida. 
Preferimos siempre estar
con la Bendición en clase.
Pero, hay ciertas lecciones
que ella no puede enseñar, 
Hay materias, unas cuantas, 
que requieren de un experto,
Y el experto es Dolor.

Es un profesor muy fuerte, 
nada como su colega,
tiene aspecto aterrador.
Pero el mismo fin comparten:
con amor, Dios usa a ambos,
Él se quiere revelar.
A Su corazón nos llevan:
Bendición con su ternura,
la dureza del Dolor.

Puedo aceptar, tranquila,
ya de ambos las lecciones.
A habitar cerca de Dios 
ambos pueden enseñarme.
Si la Bendición me guía
muy contenta estaré. 
Pero aceptaré con gozo
aprender con aflicciones,
en la clase del Dolor.

mi pregunta

Mi Dios, te pregunto a veces
¿Por qué, oh, Señor?
Esta tragedia.
La dificultad.
¿Por qué me llevas por el valle,
valle de la sombra de muerte?
La fría crueldad
de la tormenta 
entra a mi alma.
Y ¿por qué hay tanto qué sufrir?

Pero, hoy, mi pregunta es otra.
¿Por qué no, Señor?
Yo ya no sufro. 
Pero otros sí. 
¿Por qué, para mí, la tormenta
desvaneció como la niebla?
Cuando alrededor 
veo tragedias, 
valles de sombra 
y ¿por qué a mí no me tocó?