La mujer de la voz encantadora

Nunca olvidaré el día que la vi por primera vez. Fue también la última.

Estaba caminando por la banqueta de una de las muchas colonias de Guadalajara que hace veinte años eran bellas residenciales, pero en donde, poco a poco, las viejas casas con sus amplios jardines se han convertido en oficinas, colegios y cafés. Por ahí de las cinco me encontré caminando por una calle tranquila, cubierta con la sombra de los árboles y tropezando con sus raíces que interrumpían el nivel de la banqueta.

Pasé frente a una casa vieja, aunque cuidada, con un jardín diferente a los demás. En lugar de pasto verde, el suelo estaba tapizado de pequeñas plantas y entre ellas había esparcidos algunos arbustos y varios árboles que daban un aire de misterio a los bajos arcos del patio.

Oí una voz cantando.

No era una melodía que yo conocía, pero tampoco sé mucho de  música… No pude sino detenerme. Y al detenerme, no pude sino notar que mientras el jardín estaba protegido por una reja de viejo hierro forjado y medio cubierto con una enredadera, en el lugar donde debería haber una puerta, no había nada.

La voz seguía cantando.

Di un paso hacia el espacio de la puerta y allí me paré, escuchando. El sol seguía brillando. A lo lejos, seguían pasando los camiones. Y aquí, la voz seguía cantando.

¡Ahí estaba! A unos cuantos metros de mí. ¿Por qué me interesaba tanto? Jamás me detuve a pensarlo. ¿Qué importaba si una voz bonita estaba lejos o cerca? Ni lo sabía, ni lo consideré. Esa voz que había detenido mis pasos ahora llenaba mis sentidos, no permitía entrar otro pensamiento, no había otro deseo más que el de acercarme a esa voz encantadora. Tomé un paso más. Adentro de ese jardín, el sol, ya no brillante, a penas se filtraba por los árboles alumbrando las plantas con una pálida luz como si fuera madrugada. De hecho, el ambiente también era fresco, como si a penas comenzara el día. A lo lejos, ya no se oían los camiones, sino una parvada de pajaritos en algún árbol u otro.

Y la voz seguía cantando.

Y por la ventana la vi.

La mujer de la voz encontraba frente a la grande ventana que daba hacia el jardín. Me acerqué a la ventana sin saber ni considerar si ella me vería o no. Y al detenerme justo afuera por fin la pude ver, sola en su sala. Una mujer en la flor de la vida. Cabello brillante. Ojos intensos. Mejillas redondas con un hoyuelo. Y una boca magnífica. Su figura estaba escondida entre capas de tela oscura… quizás azul marino, pero se veía esbelta y fuerte. Solo alcanzaba a ver una mano delicada que extendía de repente, a veces en súplica, a veces en triunfo.

No me moví. No sé cuánto tiempo la observé. No sé cómo no se dio cuenta de que yo estaba allí. O quizás sí sabía. A lo lejos, como si no importara, noté que la luz del sol comenzó a llenar el jardín. Los pajaritos ya no se oían, pero unas abejas pasaron zumbando cerca de mi cabeza.

Y la voz dejó de cantar.

Cuando la última nota suave de su voz cedió al silencio, cruzó la sala lentamente y desapareció por un pasillo. Mientras esperaba su regreso, porque no me podía ir sin volverla a ver, observé el lugar que me rodeaba. Una vez adentro, el jardín se veía bastante ordenado, con filas de plantas pequeñas de diferentes tonos, los árboles y arbustos estaban en lugares estratégicos que bloqueaban la vista a cualquiera que pasara frente a la casa. El patio en el que me encontraba, reflejaba el diseño de las grandes ventanas en forma de arco y enmarcadas de tabique rojo. Cuando ella estaba cerca, todos estos detalles eran irrelevantes, pero en su ausencia, cada uno ahora me hablaba de ella, representaba su gusto, su toque.

El sol estaba en su auge, azotándome con calor aún en ese oasis. Hasta las abejas habían abandonado su trabajo y reinaba el silencio.

Y luego, ella regresó.

De inmediato volví mi atención a aquella que me había sacado de mi mundo y me había traído a este paraíso. Entró a la sala cargando una bandeja con unas tazas y servilletas. También, se había recogido el cabello pero… ¿qué era eso? ¿Eran canas?

Imposible. La acababa de ver. Joven. Brillante. Sin una sola señal de la edad. Seguí observándola, preguntándome si vería cualquier otro cambio y sí, allí estaban. Su cabello no era lo único que había perdido color, sus mejillas tan redondas y saludables hace poco, ahora eran más pálidas, esos labios hermosos estaban rodeados de líneas de sonrisa, sus ojos tan brillantes también mostraban señales del paso de los años. Pero, ¿cuáles años? Sí, quizás había pasado más tiempo aquí de lo esperado pero… la acababa de ver hacía apenas unos minutos.

La mujer encantadora se sirvió un té, se sentó en el sofá y tomó un libro de la mesa de centro. Quizás ella también disfrutaba el sonido de su voz porque comenzó a leer en voz alta. Y de nuevo quedé cautivado por la música. Cierto, ya no estaba cantando, pero su voz convertía el texto en poesía. El tiempo voló, así como lo había hecho cuando la escuchaba cantar. Cuando cerró el libro, suspiré y miré a mi al rededor, no sé por qué. Quizás buscaba a alguien más que se maravillara conmigo de la belleza de su voz, pero lo que vi fue un jardín por la noche. Los grillos habían comenzado su canto, los mosquitos ya me rodeaban. Arriba, las estrellas brillaban ¡como si pudieran competir con los ojos de aquella mujer! Y cuando regresé la mirada a la sala para volver a admirarla, ¡ya no estaba!

¿A poco ya era hora de dormir? No, solo había llevado la bandeja con las tazas (nunca había usado la segunda). Comenzó a  recoger y a reacomodar todo lo que durante el día había usado. Un cojín acá. Una mesita allá. Me llamaron la atención sus manos. Estaban arrugadas… titubeé antes de volver la mirada a su cara. No quería verlo, pero no pude sino reconocer que ahí también toda una vida había dejado sus estragos. El brillante y profundo color de su cabello ya escaseaba entre las canas, su tez se había vuelto totalmente pálido y su cuerpo, antes erguido y elegante, ahora caminaba, aún con gracia, pero encorvado. Con la noche había llegado su vejez.

Sentí un vacío tremendo. ¡Solo un día! Solo había pasado un día con ella, escuchándola, mirándola ¡y no era suficiente! ¿Y ya la iba a perder?

Sí, de repente alzó una mano temblorosa a su frente y se sentó de golpe en el sofá. Ese sofá que había sido su trono, ahora sería su lecho. No se detuvo a apagar la lámpara, simplemente se acostó. La luna se escondió detrás de una nube y yo comencé a llorar. Entre mis lágrimas la miré, queriendo implantar en mi memoria cada detalle. No había perdido su aire de reina, solo que ahora se veía cansada. Sus ojos, rivales de las estrellas, se habían escondido detrás de sus párpados.

La voz había callado.

No sé cuánto tiempo pasé de luto. La luna salió, fríamente alumbrando el jardín. Las estrellas lucieron más brillantes. La brisa de la madrugada me rodeó con sus brazos helados.

De repente, mi vida, la realidad afuera del jardín, llenó mis pensamientos como una sombra vacía. Tendría que salir de aquel lugar encantado y enfrentarme con una larga vida sin su voz, sin su belleza, sin su presencia.

Volví a llorar.

Lloré porque nunca volvería a oír esa voz cantando. Lloré porque nunca más observaría su belleza. Lloré porque el mundo ni sabía lo que había perdido.

La pálida y fresca luz del sol secó mis lágrimas. Ya no me quedaba opción. Ya no había por qué quedarme en ese lugar encantado. Miré el jardín, aún oscuro en la tímida luz de la mañana. Miré el cielo, lleno de tonos de blanco, azul y naranja. Pero, no pude mirar hacia el sofá. Mi corazón seguía quebrantado. Lentamente, me dirigí hacia el espacio en la reja donde debía haber una puerta. Luego, me detuve. ¿Cómo salir de ahí sin un último vistazo?

Respiré profundo y un segundo antes de dar el último paso hacia afuera, miré por última vez a la mujer de la voz encantadora.

Justo en ese momento, los rayos del sol entraron por la ventana de la sala. Y ahí, alumbraron a una figura puesta en pie. Una figura hermosa, brillante, elegante que me miró a los ojos, sonrió y, llena de vida, comenzó a cantar.

Reseña: Cómo ser una mujer de excelencia

51qP8s4XfDL._SX321_BO1,204,203,200_.jpgEl título simplemente te llama, ¿no?

Conseguí este libro de Cynthia Heald hace tiempo y esta semana por fin me senté a leerlo. Pero resulta, que no es un libro, tanto como una guía de estudio que puede ser de bastante ayuda para la mujer cristiana.

La edición que tengo yo fue publicada en 1986 por Navpress, pero encontré una versión en español publicada en 2010 por el Grupo Nelson.

El libro está dividido en cuatro secciones que hablan de diferentes aspectos de la excelencia: la meta, el precio, el premio y la alabanza (de la mujer excelente).

Básicamente guía a la lectora a estudiar y meditar sobre varios versículos de la Biblia, junto con citas relevantes y la autora también comparte algunas reflexiones propias.

En el segundo capítulo, que trata de llegar a ser como Cristo, la autora comparte:

“Dios desea tener comunión con nosotros…y es realista, entendiendo nuestra posición en relación a Él. En muchas ocasiones, nosotros somos los que nos imponemos altas expectativas mientras procuramos vivir la vida Cristian en nuestra propia fuerza.”

En el capítulo cuatro que trata sobre rendirse a Dios, cita a Bill Hull:

“Cuando Jesús habló de negarse a sí mismo, no hablaba de negarnos algún producto lujoso, ni negar la realidad del ser, ni negar las necesidades de uno. Más bien, se estaba enfocando sobre la importancia de renunciar nuestro lugar en el centro de nuestra vida y nuestras acciones.”

En el capítulo seis entra la disciplina y además de aclarar qué es (porque muchos tenemos un concepto equivocado de ella), hay un espacio para escribir nuestras metas en las diferentes áreas de nuestra vida que necesitan disciplina: la mente, la voluntad, las emociones, el cuerpo y el tiempo.

El capítulo sobre la pureza, el capítulo nueve, da una lista de preguntas, cada una basad en un versículo, que nos puede ayudar a discernir si algo realmente es puro para nosotros o no.

¿Es de ayuda (en lo físico, espiritual y mental)? I Cor. 6.12 ¿Me tiene bajo su control? 1 Cor. 6.12 ¿Daña a otros? 1 Cor. 8.13 ¿Glorifica a Dios? 1 Cor. 10.31 ¿Lo puedo llevar a cabo en Su nombre? Col. 3:17

Más de la mitad del libro consiste, no tanto en lecturas, sino en preguntas que hay que responder y versículos sobre los cuales meditar. Es un estudio que exige meditación y consideración, uno que requiere de tiempo para contestar con cuidado cada pregunta, no porque las preguntas son difíciles sino porque son personales y traen convicción al corazón.

Es un libro que toca puntos básicos de la vida cristiana y al iniciar el libro pensé que sería demasiado básico, cosas sencillas que ya sabía. Pero, no es así. El libro tocó mi corazón, me hizo preguntas que yo no quería responder, me hizo reconocer que hay una falta de esos principios en mi vida. ¿Cuáles principios?

Los capítulos cuatro al diez tratan de un principio distinto: la rendición, la obediencia, la disciplina, la discreción, el espíritu afable y apacible, la pureza y la sabiduría.

Son principios que la mujer cristiana necesita volver a estudiar.

5 of 5 thumbs up

Reseña: Un año con Dios, 365 devocionales para inspirar tu vida

un año con dios

Los libros devociones me ayudaron mucho cuando estaba comenzando el hábito de leer mi Biblia a diario, ¡y acabo de encontrar uno bueno, en especial para chicas! Un año con Dios, 365 devociones para inspirar tu vida fue publicado por B&H el año pasado y fue escrito por cuatro autoras: Keila Ochoa Harris, Marjory Hord de Mendez, Mayra Gris de Luna y Yuri Flores. El libro tiene la estructura común de libros devocionales: la fecha, un título que indica el tema del día, un versículo, unos párrafos que exponen el tema y una cita relevante al final. Es un buen comienzo para cualquier chica que quiere tener el hábito de leer las Escrituras y aprender algo a diario.

El libro abarca muchísimos temas que son relevantes a la vida cristiana de la mujer desde instrucciones sobre la alabanza a Dios y el amor por otros hasta meditaciones sobre Cristo como nuestro abogado y la justicia de Dios.

El devocional Sé diferente sobre Nehemías 8:10 y el gozo del Señor cita a Federico Nietzche: “¡Creería más en su salvación si se vieran como personas que hubieran sido salvadas!”

En Lo más importante, una meditación sobre Colosenses 3:14, la autora nos indica: “Hay un accesorio indispensable para la verdadera belleza de una mujer. El complemento más importante para la belleza externa es uno relacionado con la belleza interna: el amor. El amor es una decisión. Podemos elegir vestirnos de amor cada mañana.”

Arreglemos los desacuerdos toca el tema de Filipenses 4:1 y el conflicto entre Evodia y Síntique. “…el único que se alegra de eso es el diablo que conoce bien el dicho de “divide y vencerás” y nos engaña haciéndonos sentir ofendidas. … Nuestro corazón orgulloso nos dice que no es nuestra culpa porque fue la otra persona que nos ofendió, y justificamos nuestra conducta poco espiritual.”

Hay una meditación bella sobre Dios en ¿Quién como tú? “No hay Dios como el Gran Yo Soy. … ¿Qué otro Dios bajaría del cielo para salvar a la humanidad que aún hoy día lo rechaza? Nuestro Dios es inigualable.”

Al leer los devocionales queda claro que el libro se dirige a jóvenes cristianas y toca temas que son muy importantes para ellas. Los versículos son instrucciones y meditaciones básicas que cada chica cristiana debe tener en cuenta y este libro los presenta de una forma gentil, agradable y bonita. Las autoras comparten historias personales al igual que historias de otros, entonces son como amigas mayores dando consejos a la lectora. Y el diseño del libro es bonito, femenino y fácil de leer. Como un libro de devocionales para chicas, le doy una calificación de 100!

5 of 5 thumbs up

temblor

Hace dos años un evento sacudió nuestro país. Muchos nunca habíamos visto tanta solidaridad y fueron momentos de orgullo, al igual que pena. Una amiga escribió un poema que me compartió este año ¡y tengo que compartirlo con ustedes!

TEMBLOR

Aunque retumben mar y tierra

Y sacudan hoy mi fe,

Aunque se venga abajo el mundo

Al final, no temeré.

Tú estarás conmigo siempre

A ti alzaré mi voz,

Y aun si partiera esta noche

En tus manos yo estoy.

En medio del dolor y llanto

Y la cruel desolación,

En los escombros de mi alma

Donde hoy no hay canción,

Ahí dame fuerza y refugio

Quiero escuchar tu voz,

Convierte hoy mi desconsuelo

En alabanza a Ti, Señor.

Hoy muéstrame misericordia

Y tu grande salvación,

Aunque la noche fría llegue,

Que me encuentre en la labor

De levantar al que ha caído

Y al hambriento darle pan,

Llorar al lado del que llora

Y la tiniebla alumbrar.

Viridiana Álvarez Tello

IMG_20190406_112909019.jpg

 

Soy Viri, tengo 25 años y actualmente soy artista amateur. Poblana de nacimiento, como los chiles en nogada. Me gusta leer, escribir, dibujar, y de vez en cuando tocar la guitarra y cantar.

la maestra que vivió la historia

—¡Usted es la mejor maestra de historia que jamás he tenido! Por fin entiendo un poco más sobre la época, ¡es que usted habla de las personas como si fueran personas reales y… bueno, sé que fueron reales, pero es que lo que usted cuenta los hace reales para mí, mucho más que todos los datos biográficos que están en los libros.

Luz sonrió en agradecimiento a la adolescente. Era un gusto ver la transformación de perspectivas en la clase. Casi todos los alumnos habían llegado apáticos, pero ahora estaban encantados. ¿Y cómo no? Las personas eran fascinantes y sus hechos, aunque ahora históricos, en su tiempo habían sido simplemente lo inevitable. Y así lo contaba.

Respiró profundo, cerró la mochila y salió del salón. El tema de la clase había sido la revolución, pero la mayor parte de ahora la habían pasado hablando de la vida en las haciendas justo antes de la revolución y cómo la revolución podría ser atractiva para alguien que trabajaba allí.

Pero, de repente se mordió el labio y meneó la cabeza. No habían visto el lado trágico de la revolución. Lo tendrían que tocar en la próxima clase. Porque si la revolución fue atractiva antes de suceder, después, fue lo peor que había pasado en la vida de una generación.

Al subirse al camión, Luz procuró no perderse de nuevo en los recuerdos. Le encantaba dar clases de historia, pero ciertas épocas como la Revolución Mexicana eran dolorosas. ¡Cuántas pérdidas se sufrieron en ese tiempo! Para no pensar en ello, intentó enfocarse en el presente. Durante años, la observación del presente le había salvado del recuerdo del pasado.

Voy a empezar por el lado de la tecnología. Veo diecisiete celulares inteligentes, y de ellos unos…trece se ven más gruesos y pequeños, entonces tienen más de cuatro años. ¡Y cuatro celulares con teclado físico! Extraño los teclados físicos, esos celularcitos eran lo mejor…

Los que van en camión sin celular son… seis. Cuatro personas de tercera edad y dos chicos de unos catorce años. Qué interesante. Quizás una tendencia para la siguiente generación. Tengo que apuntar eso, para no olvidarlo y seguir observando.

A ver, ahora la moda. Tres mujeres llevan falda, una es anciana, las otras dos parecen ser… sí, son Testigas, llevan también zapato cerrado y sus revistas Atalaya.

En todo el camión solo hay un pantalón que no va ajustado, y ningún pantalón acampanado. Pero, eso no va a durar, ya vi el regreso de esa horrenda moda en unas revistas. ¿Por qué no aprendimos después de los setentas a dejar esa moda y no volver? ¿O las atrocidades visuales de los dosmiles no fueron suficiente?

Pantalones de hombre… todos los hombres arriba de treinta y cinco años tienen el pantalón muy largo para esta época. ¡Les sobra tela en el tobillo! Pero, luego, hay unos tres muchachos que de verdad deberían haberse comprado una talla más grande. ¡El pantalón de mezclilla TAN ajustado! Es el extremo de la moda de estos dos o tres años que han pasado…Lo fascinante aquí es el maquillaje. Algunas con maquillaje dramático, no todas lo llevan bien aplicado y ¡qué sorpresa! Un hombre que definitivamente lleva maquillaje, aunque maquillaje discreto. Eso no se hubiera visto en el camión hace veinte años. Ups… ya notaron lo que estoy haciendo.

Como solía suceder, su observación había incomodado a algunos pasajeros, entonces dirigió su atención a su celular y sacó los audífonos. Tiempo de perderse en YouTube. Y quizás burlarse de algunos canales de historia.

A pesar de sus esfuerzos de distraerse, cuando llegó a su departamento, Luz no podía dejar de pensar en la hacienda. Dejó su mochila en la mesa y se dirigió a la sala. La pared estaba llena de repisas con álbumes, cada uno marcado con sus fechas. 1912-1920. Más adelante, 1935-1940 y 1957-1960. Y cerca del final: 2010-2011, 2012-2013, 2014, 2015. Miles de fotos. Cientos de caras. Pero, el primer álbum era su preferido. Allí se encontraban los rostros, borrosos y sin color, de la única generación a quien nunca había analizado, la generación que más bien había amado. De Rosita que siempre hacía que el trabajo fuera más placentero con pláticas, cantos y chistes. De Doña Teresa que tan joven tomó su caballo y se unió a la guerra. Y de Valentín. Valentín. Luz cerró los ojos y aún lo podía ver, brazos fuertes, ojos sinceros, caminando hacia el horizonte. Valentín, a quién jamás volvería a ver.

Pasaron horas antes de que Luz cerrara el álbum. Y cuando lo hizo, se sentía vieja, perdida, sola. Eso era normal para ella. Lo había sentido durante más de cien años. Ya sabía lo único que la reubicaría.

Se puso de pie, y se vio en el espejo: cabello negro como el día en que había nacido, tez morena, ya no quemada del sol como en su niñez, unas pocas líneas de sonrisa al rededor de la boca, unas pocas arrugas en una frente grande y ojos del color de chocolate, tristes, pero con visión perfecta.

Luego, se acercó a las repisas de nuevo y sacó el álbum marcado 2019.