el temor (casi) nunca es de Dios

Nunca tomes una decisión basada en el temor.

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De mwangi gatheca en Unsplash

No recuerdo en dónde leí esa frase pero muchísimas veces viene a mi mente cuando tengo que tomar una decisión.

Es que es tan fácil dejarnos regir por el temor.

En decisiones cotidianas, como cuando tememos que si somos vulnerables con nuestros hermanos en Cristo nos criticarán, entonces mejor no compartimos.

En decisiones insignificantes, como cuando tememos que si no tenemos una cuenta en Facebook vamos a perdernos la vida social que tienen nuestros amigos, entonces mejor abrimos la cuenta.

En decisiones importantes, como cuando tememos que si permitimos que el Señor elija nuestra pareja será alguien con quien no podremos ser felices, entonces tomamos esa decisión sin consultarlo.

Y muchas veces ni cuenta nos damos de que detrás de todas nuestras consideraciones, hay un temor que dirige todos nuestros pensamientos hacia una elección u otra.

Por eso es tan saludable preguntarnos, antes de tomar una decisión: ¿cuál es mi temor sobre esta decisión? Una respuesta sincera puede ser muy reveladora.

Pero, 2 Timoteo 1:7 nos dice:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía [de temor], sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Mientras que el temor puede ser algo que Dios usa (y además del instinto de proteger nuestra vida en situaciones de riesgo físico), en general pienso que el temor, más que nada, es una herramienta del diablo.

¿Cuántos folletos no hemos regalado por temor? ¿Cuántas meditaciones sobre Cristo no hemos compartido por temor? ¿Cuántas decisiones hemos pospuesto por temor?

¿Habrá algo que el Señor te está llamando a hacer y no has respondido por temor?

El temor es controlador, rige nuestras vidas con vara de hierro y dirige nuestras decisiones con punzadas de hielo. Y por eso digo que es mayormente herramienta del diablo.

Dios nos guía a tomar las decisiones correctas con paz. Dios nos impulsa a actuar por medio de Su paz. Dios no solo nos lleva a través de situaciones terribles, sino que en ellas nos da consuelo, con su paz.

Espero estos pensamientos te ayuden la próxima vez que sientas la mano fría del temor en tu corazón.

Dios nos guía con paz, y Su perfecto amor echa fuera el temor.

Podemos seguir adelante, tomar el siguiente paso, sin escuchar el clamor del miedo, porque Dios nos guiará en paz.

cuando no puedes olvidar, debes perdonar 

Escribí esta entrada el primer año que tuve un blog en inglés. Traduje una parte para compartirla hoy.

Se requiere de dos personas para reconciliarse, pero sólo se requiere de una para perdonar.

La semana pasada visité una iglesia local en los E.E.U.U. y el hombre que dio enseñanza esa noche habló sobre el perdón. Se notaba que el mensaje le había tocado el corazón y también me conmovió a mí.

El hombre habló sobre cómo el perdón va directamente en contra del orgullo y que él había luchado con la amargura y el odio cuando ciertas personas le habían hecho mal.

Yo conozco a ese hombre desde niña. Y él es uno de los hombres más amables que conozco, siempre muestra gracia hacia los demás.

¿Y él había odiado a alguien? ¿Él había sentido amargura?

Me tuve que preguntar: —Si él ha pecado por no perdonar a alguien, ¿cuánto más yo?

¡Porque yo definitivamente no muestro tanta gracia hacia los demás!

Me sentí condenada.

Hay gente que me ha herido, que ha herido a mi familia. Y he procurado olvidarlo, simplemente seguir adelante.

¿Pero con eso basta?

Ese mensaje me convenció que no.

No es suficiente ponerlo fuera de la mente. No es suficiente el seguir adelante.

Tengo que enfrentar lo que me han hecho.

Tengo que perdonar.

Aunque dicen que es mejor para tu salud mental hacerlo, hoy no se trata de eso.

Se trata de obedecer el mandato De Dios.

…sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32

el amar a Dios

He estado meditando en el siguiente versículo últimamente.

 Jesús le dijo:

—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Mateo 22:37

La Palabra De Dios nos instruye en este versículo a usar tres cosas que pensamos que no se pueden controlar: el corazón, la voluntad y los pensamientos. Pero, a través de la Biblia, es muy obvio que Dios espera que los controlemos.

Y no solo que tomemos el control de cada uno de estos aspectos de nuestro ser, sino que los controlemos para un propósito: el amar a Dios (y por ende, a nuestro prójimo).

De hecho, este versículo nos ayuda a definir el amor.

¿Qué es el amor?

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De Cathal Mac an Bheatha en Unsplash

Según Mateo 22:37, es la unión de propósito de tu corazón, tu voluntad y tus  pensamientos.

¿Y ese propósito?

El bien del Amado.

Es un reto para nuestra vida cristiana.

Mis deseos deben ser solo para el bien de Dios.

Mi voluntad debe ser solo para el bien de Dios.

Mis pensamientos deben ser solo para el bien De Dios.

Pero, precisamente el hecho de que son cosas que tengo que controlar indica que esto no vendrá de manera natural. Tendré deseos en mi corazón que van en contra de la gloria de Dios. Es mi responsabilidad enfrentar esos deseos y reemplazarlos con el deseo de darle gloria a Dios. Mi voluntad querrá hacer cosas que no dan gloria a Dios. Es mi responsabilidad nunca, nunca hacer algo a propósito, es decir, de manera voluntaria, que va en contra de la gloria de Dios. Llegarán a mi mente pensamientos que no dan gloria a Dios. Es mi responsabilidad desechar esos pensamientos y enfocar mi mente en lo que sí le da gloria.

Y eso es amar a Jehová mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente.

son creyentes, no héroes

“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
    Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
    Y cuyos pecados son cubiertos.”

Romanos 4:6,7

David no vivió en el día de la gracia. Pero él aquí habla de cuando Dios “atribuye justicia sin obras”.

David conocía, por experiencia, la gracia y la misericordia de Dios.

David lo había experimentado, aunque vivía en los tiempos de la ley. Dios estaba mostrando su gracia mucho antes de la época del Nuevo Testamento, mucho antes del día de la gracia.

Abraham. Noé. David.

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Imagen de Donald Teel en Unsplash

Estos hombres no eran mejores que los demás de su época. No eran mejores que yo. Nadie puede ser bueno o justo. Nadie. Simplemente hallaron gracia ante Dios. Dios simplemente decidió mostrarles gracia. Dios simplemente decidió trabajar en sus vidas y por eso tenemos sus historias.

¿Cuál es la diferencia entre Abraham y otro hombre de Ur? ¿Cuál es la diferencia entre Noé y sus consuegros? ¿Cuál es la diferencia entre David y el rey de los filisteos?

Cada uno respondió a la obra de Dios en su vida, creyó.

Es decir, estos hombres no son héroes. Son creyentes.

Claro, podemos decir que son nuestros héroes precisamente porque creyeron, pero es muy fácil pensar que ellos están en otro nivel espiritual que nosotros. Que eran hombres buenos o justos o menos malos que los que los rodeaban pero no lo eran.

Estos hombres (y muchos creyentes más) eran egoístas, mentirosos e idólatras.

Pero Dios les mostró gracia.

Dios les atribuyó justicia sin obras.

Tal como lo hace conmigo.

Tal como lo hace contigo.

El darme de cuenta de esto me animó. Todos estos “héroes de la fe” no tenían nada que yo no tengo.

Lo único que los detuvo de ser almas perdidas como los demás de su época, fue que cuando Dios les mostró gracia, le creyeron.

Y actuaron según ese creer.

Dios siempre ha mostrado gracia.

Y hoy también puedo hacer lo mismo que esos “héroes”.

recordar esto lo cambia todo

¿A veces se te olvida el poder De Dios?

A mí, sí.

Sé que Él creó todo, que venció la muerte, que da vida en abundancia… Pero, cuando caigo derrotada bajo las presiones de la vida, cuando me enfrento con un diagnóstico negativo, cuando me veo totalmente cercada de una enredadera de problemas, lo último que se me ocurre es que Dios es poderoso.

Pienso en mi impotencia, en mi debilidad, en lo imposible de mi situación.

Pero no pienso en que el Dios que yo adoro es soberano.

Y veo a unas mujeres en Mateo 28 que tenían el mismo problema.

Su Mesías había muerto. Sólo les quedaba llorarle. Las ilusiones de un reino nuevo habían sido destrozadas. La realidad de un Cristo que les brindaba amor y respeto había acabado. El hombre que era su mundo, su esperanza había muerto.

El ángel en la tumba les dijo —Yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. —Pero no se detuvo allí, sino que, con una invitación, trajo a su memoria la gran verdad que habían olvidado—.

Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

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Imagen de Bruno van der Kraan de Unsplash

¡Él es el Señor!

El Señor que manda, que tiene todo bajo su control.

El Señor sobre la muerte.

El Señor sobre el mundo.

¡El Señor suyo!

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambió todo para ellas.

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambia todo para mí.