recordar esto lo cambia todo

¿A veces se te olvida el poder De Dios?

A mí, sí.

Sé que Él creó todo, que venció la muerte, que da vida en abundancia… Pero, cuando caigo derrotada bajo las presiones de la vida, cuando me enfrento con un diagnóstico negativo, cuando me veo totalmente cercada de una enredadera de problemas, lo último que se me ocurre es que Dios es poderoso.

Pienso en mi impotencia, en mi debilidad, en lo imposible de mi situación.

Pero no pienso en que el Dios que yo adoro es soberano.

Y veo a unas mujeres en Mateo 28 que tenían el mismo problema.

Su Mesías había muerto. Sólo les quedaba llorarle. Las ilusiones de un reino nuevo habían sido destrozadas. La realidad de un Cristo que les brindaba amor y respeto había acabado. El hombre que era su mundo, su esperanza había muerto.

El ángel en la tumba les dijo —Yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. —Pero no se detuvo allí, sino que, con una invitación, trajo a su memoria la gran verdad que habían olvidado—.

Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

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Imagen de Bruno van der Kraan de Unsplash

¡Él es el Señor!

El Señor que manda, que tiene todo bajo su control.

El Señor sobre la muerte.

El Señor sobre el mundo.

¡El Señor suyo!

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambió todo para ellas.

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambia todo para mí.

¿desde dónde sigo a Cristo?

En Lucas 22:54-62 leemos la triste historia de Pedro cuando negó a Cristo. La última vez que leí este pasaje, lo que resaltó fue la última frase del versículo 54.

“Y Pedro le seguía de lejos.”

Creo que esta frase es la clave para el resto de la historia.

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Imagen de Jehyun Sung en Unsplash

Pedro le estaba siguiendo, pero a una distancia “razonable”. Había pasado su época de “fanático” (todos seguramente recuerdan el incidente con la espada). Ahora, seguiría a Cristo de una manera más moderada.

Quizás aquí podamos notar la tendencia de los seres humanos hacia los extremos. Pedro quería seguir a Cristo con mucha pasión, pero tenía poco entendimiento. Luego se distanció de Cristo, tanto que terminó totalmente separado de Él.

Pero, ese no es mi punto en esta entrada.

Mi punto es señalar el peligro de seguir a Cristo de lejos.

Lo mejor que podemos hacer en esta vida es permanecer cerca del Señor.

El que sigue a Cristo de lejos, no lo ve todos los días. No tiene conversaciones con Él a diario. No ve las huellas de Sus pisadas para seguirlas con precisión. No conoce su corazón.

Y, quizás, el cristiano que sigue a Cristo de lejos, también llegue a encontrarse en una situación como la de Pedro, a punto de negar que siquiera conoce a su Señor.

Entonces, te dejo con el reto, y es algo que yo también tengo que enfrentar.

¿Desde dónde sigo a Cristo?

¿Sigo a Cristo desde lejos?

¿O estoy con Él siempre? ¿Camino con Él? ¿Platicamos a diario? ¿Me muestra lo que hay en Su corazón? ¿Sé lo que es disfrutar de su presencia día con día?

¿Será que algún día podrán decir de mí: “Y Erika le seguía de cerca”?

¿cómo atrevernos a guardar silencio?

Hace dos años publiqué esta entrada en el blog en inglés, pero es un mensaje que nunca me cansa. Espero te inspire al vivir tu vida como cristiano misionero.


Hace unos meses Ricky predicó de 2 de Reyes 7 y vimos la historia de los leprosos que estaban afuera de la ciudad sitiada de Samaria.

Por si no lo has leído últimamente, te recuerdo rápido de qué trata. Israel estaba peleando una guerra y el enemigo habit sitiado la capital durante tanto tiempo que ya no había comida. Estaban perdiendo Esperanza y si los que estaban adentro de la ciudad estaban sufriendo, la situación de los leprosos que estaban afuera, era aún peor. Por eso, los hombres habían decidido entregarse al enemigo y pedir comida. Lo peor que les podría pasar era que los matarían, pero si se quedaban como estaban, también morirían.

Entonces, fueron al campamento enemigo. Y en lugar de toparse con soldados, encontraron riquezas. Tesoros por todos lados. Ropa, dinero ¡y muchísima comida! Todo estaba abandonado, Dios los había espantado para proveer para Su pueblo.

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Imagen de Peter Hershey en Unsplash

¡Qué sorpresa! Los leprosos se emocionaron, comenzaron a correr por el campamento, tomando las cosas y escondiéndolas. Pero, pronto, se detuvieron.

“No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Ahora pues, vayamos, entremos y demos la noticia a la casa del rey.”  (1 Reyes 7:9.) 

Rápido llevaron las noticias a la ciudad y al día siguiente, todos los de la ciudad tenían suficiente para comer, tal como lo había profetizado el hombre De Dios.

Pero, esa exclamación de los leprosos me recordó a mí.

Este es el Día de la Gracia. Este es el día de Buenas Noticias. ¿Y yo guardo silencio? ¿Yo callo? No hago bien. ¿Qué sucederá si espero hasta que haya pasado el día? ¡Qué consecuencia tan terrible!

¡Éste es el momento de proclamar las Buenas Noticias! ¡Hoy es el día de salvación! Hoy es el día para ir, en arrepentimiento, a Cristo.

¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído?

¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Tal como los leprosos, ¡recordemos que hay personas que están muriendo!

Las personas se están perdiendo y nosotros tenemos lo que les hace falta.

¿Cómo no decirles?

¿Cómo atrevernos a guardar silencio?

lo que hizo el rey David

Hace mucho compartí esta entrada en el blog que tenía en inglés. Espero hoy también te inspire a vivir la vida del creyente misionero.


¿Alguna vez has leído Hechos 13:36?

Seguramente sí. Estoy que segura que yo también lo había leído muchas veces antes de leerlo el martes, pero nunca había notado lo que decía el versículo acerca del rey David.

Resulta que David tenía una misión especial, una misión que yo creo que Dios también te ha dado a ti.

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…

¿Ya viste? El rey David sirvió a su propia generación.

Yo leí el versículo justo después de pedirle a Dios sobre un proyecto específico que estaba meditando. Este versículo fue mi respuesta a la pregunta, “¿Qué debo hacer?”

Sirve a tu generación.

Los abuelos de mis amigos quizás no crean tener mucho que aprender de alguien tan joven, pero mis amigos sí me están observando. Quizás mis compañeros no quieran escuchar a mis papás compartir un versículo de la Biblia, pero me conocen a mí y conocen a mi testimonio.

Yo puedo compartir las verdades del evangelio con mis conocidos, de una manera que nadie más puede.

Y lo mismo aplica a ti.

Entonces, te animo a hacer lo que hizo David.

Sirve a tu generación.

5 razones por las que necesitas congregarte

Se está poniendo muy de moda el no congregarse.

Supongo que muchos se sienten inconformes con algo acerca de su iglesia local. Otros saben que pueden escuchar la predicación en línea y es más fácil quedarse en casa. Algunos se sienten incómodos porque saben que tienen pecado en su vida y creen que serían hipócritas si llegaran así a la congregación. Y hay muchísimas razones más por las que hoy, más que nunca, los cristianos se quedan en casa en lugar de asistir a la predicación, a la oración o al estudio. Pero, yo no puedo responder a cada una.

Solo quiero notar cinco razones por las que es imprescindible que el creyente se congregue.

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Imagen de Igor Rodrigues en Unsplash

1. La razón más importante se encuentra en Mateo 18:20. La presencia de Dios se encuentra en un grupo congregado en al nombre de nuestro Señor Jesucristo de manera especial. El Señor está presente con nosotros en nuestro tiempo devocional personal y en nuestro andar diario, pero Él nos enseña que hay algo especial y diferente cuando hay dos o tres congregados en Su nombre. Si nos limitamos a su presencia en nuestra vida personal, nos estamos perdiendo de un aspecto esencial de nuestro Dios, y al no conocer ese aspecto, le robamos de la adoración que le podríamos dar, la adoración que Él merece por ser Quien es en su totalidad.

Las siguientes tres razones no tienen tanto que ver con Dios, sino con nosotros mismos.

2. Si no nos congregamos, limitamos (y podemos hasta desviar) nuestro aprendizaje de la Palabra. 2 Pedro 1:20 enseña que la Escritura no se puede interpretar por cada quien como quiera. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios y ayuda a interpretarla, pero es importante aprender de personas más sabias en las cosas del Señor para tener la seguridad de que no nos estemos desviando en nuestra interpretación personal o privada de las Escrituras. Esto no quiere decir que no podemos entender nada por nosotros mismos, de hecho, esta instrucción supone que habrá estudio personal. Sólo es una advertencia de que una persona a solas se puede desviar si no estudia en conjunto con otros que tienen experiencia dejándose guiar por el Espíritu Santo.

3. Esto nos lleva a un punto que no es muy popular. Necesitamos autoridad espiritual. Romanos 13:2 enseña claramente que Dios estableció el principio de la autoridad y Hebreos 13:17 nos dice que debemos sujetarnos a nuestras autoridades porque ellos cuidan y se preocupan por nuestras almas. Dios estableció la iglesia local y estableció las autoridades en la iglesia local y sabemos que Él sólo hace lo mejor por nosotros, entonces podemos lógicamente concluir que es bueno para nosotros estar congregados y bajo la guía de las autoridades espirituales de la iglesia local.

4. Otra cosa que necesitamos es la comunión con otros creyentes. Hechos 2:42 nos indica que los discípulos establecieron la costumbre de estar y perseverar, de hecho, en la comunión unos con otros. 1 Corintios 1:9 y 10 nos enseña que Dios nos llamó a la comunión con Cristo y a estar unidos con otros creyentes. Dios nos creó con la necesidad de pertenecer a una comunidad y creó la iglesia local para ser un lugar en el que podríamos reunirnos con personas de convicciones similares para disfrutar tiempo juntos, pero lo más importante, para honrarle a Él juntos. Juntos, los creyentes se dan apoyo. Juntos, los más experimentados enseñan a los nuevos. Juntos, todos somos más fuertes espiritualmente.

Finalmente, hay una razón más y esta no trata directamente con Dios como la primera y no se trata de uno mismo como las tres razones anteriores.

5. Debemos congregarnos porque la iglesia local es el lugar en donde podemos ejercer nuestros dones en servicio a Dios. Los dones espirituales que Dios da quizás puedan usarse en otras esferas, pero su propósito principal y su uso más sublime es en el contexto para el cual Dios los dio: la iglesia local. Romanos 12:4 y 5 indican cómo debe funcionar una iglesia local, como un cuerpo unido con un mismo propósito, que sufre cuando falta un miembro. Y los siguientes versículos inmediatamente comienzan a tratar sobre los dones, con una clara implicación de que allí se encuentra su uso principal. Además, no sólo indica que es la iglesia local es su contexto ideal, sino también implica que su uso ideal es para los demás, no para uno. Los versículos 7 y 8 indican cómo deben usarse los dones, no para el prestigio o la gloria de uno. Deben usarse para el servicio, la enseñanza, la exhortación de los demás creyentes y para la repartición liberal, el solícito presbítero, la alegre misericordia a los demás creyentes. El don fuera de la iglesia local pierde su razón de ser.

Así que, a pesar de lo fácil que es no ir a la iglesia local, a pesar de lo común que es, recordemos estas 5 razones tan importantes que la Palabra de Dios nos da para establecer esta convicción: congregarme es imprescindible para mi salud espiritual.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos… Hebreos 10:24, 25