la mejor capacitación para el predicador del evangelio

Yo sé que no a todos les encantan los niños como a mí. Y sé que no todos se sienten cómodos siendo maestros de la escuela dominical. También, sé que muchas veces las clases de las escuelas bíblicas se dejan a las hermanas.

Pero, creo que cada hermano debe ser maestro al menos durante un tiempo, porque una de las mejores maneras de aprender a predicar el evangelio.

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Imagen de Taylor Grote en Unsplash

Un predicador del evangelio explica el evangelio a personas cerradas, cínicas y cansadas. Eso puede ser difícil y es mucho más fácil explicar el evangelio a caras inocentes, entusiasmadas y abiertas. Entonces, un grupo de niños es el mejor lugar para empezar a predicar el evangelio para el que a penas comienza. Será de más ánimo para él porque verá reacciones sinceras en las caras de su público al explicar el evangelio. Además, los niños perdonan errores y nervios muchísimo más que los adultos porque nada les da pena y no entienden que al adulto le podría dar pena. Entonces, cuando el maestro dice algo mal o comete algún error no pasa nada, su público lo sigue respetando y escuchando.

Es bueno practicar el hablar en público con los niños antes de ponerse de pie frente a un público de adultos que notarán los nervios y los errores del predicador nuevo.

Los niños se distraen fácilmente y se requiere de creatividad para mostrarles las verdades del evangelio a través de algo tangible, ya sea dibujos, modelos de plastilina o muñequitos de papel. Y los niños no son educados, ¡si algo les aburre el maestro rápido se dará cuenta porque estarán jugando y platicando a media clase! Entonces el maestro aprenderá a siempre observar a los que le oyen y hacer más interesante su presentación si ve caritas aburridas.

Esto ayudará al predicador del evangelio a siempre tener en mente la atención de su público e ilustrar estas verdades tan importantes de una manera que les llamará la atención.

Quizás la razón más importante por la que un predicador debe primero ser maestro de una clase bíblica es esta: las mentes pequeñas no siempre pueden entender los conceptos abstractos del pecado y el perdón. Entonces, el maestro se ve obligado a expresar las doctrinas más sublimes en los términos más sencillos. Y mientras mucha gente cree que eso solo es necesario con los niños, la verdad es que la sencillez es igual de importante cuando uno comparte el evangelio con adultos que no conocen el evangelio.

Ese vocabulario sencillo que aprendió mientras enseñaba a los pequeñitos le ayudará mucho al exponer el evangelio ante adultos que no conocen a Dios, ni creen en Cristo.

Así que, mi recomendación personal es que todos los hermanos, pero especialmente los hermanos que quieren predicar el evangelio sean maestros de la escuela dominical. ¡Esa experiencia les dará herramientas para compartir que usarán el resto de su vida!

3 cosas que necesitas para compartir el evangelio

Para compartir el evangelio necesitas 3 cosas y son las siguientes.

1. El deseo.

Es inusual que el creyente no tenga el deseo de compartir el evangelio. Puede ser por diferentes motivos, pero el deseo allí está. Quizás un creyente tenga el deseo porque ama a la persona y no quiere que vaya al infierno. Otro quizás porque sabe que es mandato de Dios y debe obedecer. Si no tienes el deseo de compartir el evangelio, pídelo al Señor porque Él quiere ayudarte a hacer su voluntad, pero si sigues este blog ¡es probable que el deseo no es lo que te hace falta!

2. Un conocimiento básico del evangelio.

Si eres salvo, ¡ya lo tienes! Has oído y aceptado las verdades básicas:

  1. Soy un pecador y eso me separa de Dios.
  2. Dios me ama y no quiere esa separación. Por eso, se sacrificó a sí mismo en la cruz para quitar ese pecado con lo único que puede limpiarme: sangre inocente.
  3. Es mi responsabilidad recibir ese perdón que me ofrece de manera personal.

3. Alguien con quién compartir.

Esto puede ser lo más difícil para alguien que a penas comienza. Pero, no tanto porque no hay con quien compartir, sino porque ¡el compartir puede dar un poco de temor! Pero, si ya tienes a alguien en mente, piensa en la motivación que hay detrás de tu deseo y verás que es más grande esa razón que tu temor. Y si no sabes con quién compartir, de nuevo, ora. El Señor te ha dado una combinación especial de talento, personalidad y circunstancias que te hacen la persona ideal para compartir el evangelio con los que Dios ha puesto en tu vida.

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Imagen de Trung Thanh en Unsplash

Espero que esta entrada no sólo te haya ayudado, sino también que te haya inspirado a salir y compartir el evangelio, porque esas tres cosas que se necesitan para compartir el evangelio, ¡ya las tienes!

3 preguntas que debes hacer antes de compartir el evangelio

Hay ocasiones cuando compartido el evangelio pero he visto que el mensaje parece no afectar a la persona. Ahora sé que si me hubiera tomado el tiempo de hacerme unas preguntas, me hubiera ayudado a compartir el mensaje de una manera que quizás hubiera tenido mayor efecto en los oyentes. Entonces, hoy te comparto estas tres preguntas esperando que el considerarlos antes de compartir el evangelio con alguien te ayuden a no cometer los mismos errores que yo.

1. ¿Qué tipo de relación tengo con esta persona?

Cuando se va a tratar un asunto tan importante y tan personal como la salvación, es excelente tener una relación como base de esa conversación.

Por ejemplo, si tu tía te pregunta: “¿Cuántos pedazos de pastel te comiste?” Quizá te molestes, pero si te lo pregunta tu nutrióloga es diferente. ¿Por qué? Porque tú ya tienes una relación con la nutrióloga en la que ella te ayuda a tomar mejores decisiones en relación a lo que comes. Ella tiene el derecho de preguntarte eso, porque tú se lo diste.

Antes de hablar de las verdades difíciles del evangelio, pregúntate qué tipo de relación tienes con esta persona y si te ha dado el derecho de hablar de cosas personales. ¿Te ha confiado asuntos personales? ¿Te ha pedido consejos? O ¿sólo se saludan en la calle porque son vecinos?

Una relación de mucha confianza, te permite explicarle de manera más extendida y profunda cómo el evangelio impactaría su vida, mientras que una relación más superficial, quizás sólo te permita comentarle lo básico del evangelio y dejarle un folleto.

No es necesario detenerte si no te ha confiado sus secretos más íntimos, pero la relación que tienen debe afectar la manera en que compartes el evangelio.

2. ¿Por qué le quiero compartir el evangelio?

A veces estamos tan enfocados en que debemos de evangelizar que no nos detenemos para preguntarnos cuál es nuestro motivo. ¡Y resulta que el motivo es igual de importante para Dios que la acción!

¿Por qué se me ocurrió con mi compañera de clases sobre la importancia de ser salva después de su cirugía? ¿Por qué pienso invitar a la vecina que me robó unas macetas a la predicación del evangelio? ¿Por qué le quiero regalar un folleto a ese chico que se parece a Noah Centineo?

Quizás mis motivos sean sinceramente la gloria de Dios.

O quizás tenga otras ideas que influyen en mis hechos.

Es bueno hacer lo bueno. Pero, es bueno hacerlo después de haber examinado mis motivos ante el Señor.

¿ Cuál es su trasfondo religioso y familiar?

El trasfondo de una persona la ha moldeado en gran parte. No es el único factor, pero algo importante a considerar antes de compartir el evangelio es su percepción de ciertos conceptos.

Si una persona fue criada con la idea de que es más importante ser amable que decir la verdad, ¿cómo le vas a presentar la verdad de su pecado? En el caso de alguien que creció en una religión muy estricta, en donde el transgredir las reglas implicaba el abandono total de los seres queridos, es necesario comunicarle el amor incondicional de Dios. Al compartir el evangelio con uno que siempre ha creído en Dios y nunca ha hecho nada al respecto, ¿qué vas a decir para mostrarle la urgencia del evangelio?

¿O qué tal situaciones más delicadas?

Si el papá de alguien lo abandonó cuando tenía seis años, es bueno considerar la mejor manera de hablar de Dios como Padre. O si la religión de alguien le enseñó la reencarnación como verdad, ¿cómo vas a presentar el tema del juicio después de la muerte? Si la persona no cree en Dios pero cree en las energías, ¿qué le vas a decir sobre el mundo espiritual y la batalla por su alma?

El evangelio no cambia, pero sí se puede presentar de una forma apropiada dependiendo del oyente.

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Imagen de Korney Violin en Unsplash

Estas tres preguntas no son razones para no compartir el evangelio, ¡para nada! Sólo son cuestiones a considerar antes de compartir el evangelio con alguien.

Así podremos compartir el evangelio de una manera más amorosa, mas eficaz y más considerada.

bañar la mente

Todos debemos leer la Biblia todos los días.

Nada nuevo, ¿verdad? ¡Ya lo sabías!

Pero, ¿por qué?

¿Por qué es tan importante tomar aunque sea cinco minutos (en días cuando vamos muy tarde) para leer unos versículos? ¿Por qué no mejor apartar una tarde por semana para leer y estudiar, profundizando realmente en la Palabra de Dios?

Claro, que eso es muy bueno, pero los creyentes necesitamos leer todos los días porque la Biblia funciona como un baño para la mente.

¡Nos limpia mientras la leemos!

…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra… Efesios 5:25,26

Es que al vivir en este mundo, estudiar la carrera, leer las noticias, ver videos y trabajar en ambientes no cristianos, nos contaminamos. El mundo está lleno de la influencia del pecado, así como las calles están llenas de polvo.

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Imagen de Luis Tosta en Unsplash

Y así como nos bañamos para mantenernos en buena salud, leemos la Biblia para mantenernos en buena salud espiritual.

Es así de sencillo. 

Sí, es bueno tener un tiempo diario para leer y meditar en la Palabra de Dios.

Pero en algún día de tiempo limitado, ¡no lo abandones sólo porque no tendrás tiempo de detenerte y estudiar o meditar sobre los versículos!

¡Lee aunque sea un poco de la Biblia!

Aunque no sea el día de mayor aprendizaje, ¡al menos sí tendrás una mente limpia y fresca!

la hospitalidad, antes del matrimonio

Invité a una amiga a compartir hoy sobre el tema de mostrar hospitalidad estando aún soltero o soltera. ¡Espero sus pensamientos te inspiren!
De esas palabras bonitas que adornan nuestra Biblia, y que se espera adornen nuestra vida también. La Palabra de Dios nos exhorta a practicarla (Rom. 12:13), a apreciarla (1Ti.5:10), a no olvidarla (Heb. 13:2). Pero ¿qué es, y cómo se vive?
El término en el lenguaje original es Philoxenia, y es la unión de dos palabras: amor por los extraños o necesitados. ¡Y es un término muy cercano a Su corazón! (Ef. 2). 
El deseo de Dios es que vivamos vidas que lo honren siguiendo con devoción Sus Caminos, y para esto debemos dirigir nuestras miradas a lo que es realmente importante para Él. El que me ama, mi palabra guardará (Jn. 14:23).
Ya sea que seas estudiante, trabajador, joven, adulto; soltero o casado; siempre tendrás una oportunidad para apreciar este hermoso ministerio. 
¡Practica la hospitalidad!
¿Recuerdas a Marta, cuyos hermanos Lázaro y María compartían tanto el amor por el Señor, como su deseo de usar su casa para hospedarle? 
Abrir tu casa puede resultar difícil cuando aún vives con tus padres, o no tienes un lugar disponible. Pero como aquella casa de Betania, tiene muchos más elementos para notar allí. Marta estaba cocinando, ¿hay alguna comida, postre o botana que pudieras compartir con alguien? ¿Hay algo en lo que pudieras invertir tu esfuerzo para alimentar al necesitado? María estaba escuchando. ¿Hay alguien a quien pudieras invitar un café para escuchar sus inquietudes, orar por ellos, compartir sus cargas? En otra ocasión, en la misma casa, vemos a Lázaro compartiendo de la comunión “a la mesa”, ¿habrá alguna forma de mostrar esa comunión con los creyentes, apreciando el tiempo juntos y abriendo oportunidades para la convivencia? 
Tal como ves, la hospitalidad no es un trabajo de un solo ingrediente. El amor hermanable por el necesitado se evidencia cuando en obediencia a tu Dios, quieres invertir de tus recursos para cuidar de tus hermanos, o de personas a las que Dios te llama a ayudar. 
Tu puedes practicarla, no la olvides en tu día a día, ¡apréciala! como Él lo hace. 
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Andrea Gómez es misionera a tiempo completo en Guerrero, México.