13 cosas que aprendí sobre la misión de ser madre

El libro Maternidad misionera de Gloria Furman, fue el más importante de los muchísimos que leí sobre criar hijos cuando estaba embarazada. Entre todo lo que aprendí sobre el apego y la independencia, el colecho y las cunas, lo más importante fue mi llamado a ser una madre fundada en el evangelio. 

Como el libro aún no se ha traducido al español, quiero compartir algo de lo que aproveché. ¡Espero estas citas te inspiren como a mí, a ser una mujer que señala a otros hacia la cruz!

1. “La maternidad es parte de la misión de Dios, lo cual destroza una vez y por todas la noción insípida de que ser madre es insignificante.”

2. “Ser madre (o nutrir) es un llamado no solo para las mujeres que tienen hijos biológicos o adoptivos. Ser madre es un llamado para toda mujer. Cada mujer cristiana tiene el llamado a ser madre espiritual haciendo discípulos de todas las naciones. Nuestra maternidad es, por naturaleza, misionera.”

3. “Solo Cristo tiene la fuerza para cumplir esta obra en y por medio de nosotras. La maternidad misionera no es un ejercicio en juntar la fuerza para hacer cosas para Dios. La maternidad misionera es un caminar de fe en el que los débiles (todas nosotras) tenemos que mantener ante nuestros ojos la visión de la cruz.”

4. “Nuestra maternidad misionera no se trata de lo que comemos o no, de lo que permitimos en nuestros hogares o no, sino de vivir de toda Palabra que sale de la boca de Dios y llevar fruto que da testimonio de la realidad del Evangelio.”

5. “¿Qué estamos haciendo en nuestra maternidad? ¿Cuál es el fin de la misión? Necesitamos saber la gran historia que comienza con la antigua historia.” [Las historias de la Biblia, a grandes rasgos, desde Génesis.]

6. “…las Escrituras, las cuales son suficientes para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir, para completar y preparar al hombre De Dios para cada buena obra. ¡Para cada buena obra! (Sí, eso quiere decir que Dios espera que Su Palabra te prepare para hacer la buena obra de ser madre).”

7. “Nuestra capacidad de proveer para los que están a nuestro cuidado, para nada es capacidad nuestra, como si nosotros fuéramos algo. […] No tenemos nada que hacer en los lugares a donde Dios no nos ha llamado, porque no tenemos nada en nosotras qué dar.”

8. “¿Hay niños bajo tu cuidado, discípulos en tu iglesia, vecinos en tu calle? Señálales la cruz.”

9. “Necesitamos saber que nuestro hogar no es un reflejo de nuestra imagen, sino un espacio en el que trabajamos para mostrar la imagen de Cristo.”

10. “Servir a otros desde una posición de debilidad personal es vergonzoso para nosotras que somos tan orgullosas. Nos gusta vernos autosuficientes. […] La maternidad cristiana se lleva a cabo desde una postura de debilidad y dependencia. […] La oración es algo que Dios ha establecido y que su Espíritu Santo…facilita. Es natural ver una oportunidad de ministrar y preguntar, “Pero, ¿cómo Señor?” Es sobre natural ver tu ministerio de diario y decir, “Señor, para ti todo es posible. Aún hoy.” A través de Jesús somos sacerdotes que oran. …no nos rendimos cuando reconocemos nuestra debilidad. Al contrario, vemos una tremenda oportunidad para que Dios muestre su fuerza a través de instrumentos débiles como nosotros. Y esto nos impulsa a orar.”

11. “La meta de nuestra maternidad es declarar las buenas nuevas a la siguiente generación, “a pueblo no nacido aún” (Salmo 22:31).

12. “Tito 2 no trata sobre cómo las mujeres cristianas deben ser diosas domesticas, sino que trata sobre cómo las mujeres cristianas señalan a otros hacia a Dios por medio de su hogar.”

13. “Quizás digan que solo estás dándole de comer a un niño hambriento, o solo llenando papeles, o solo doblando ropa, o solo pagando la luz. Pero nosotros sabemos que no es nada insignificante nutrir la vida frente a la muerte.”

a veces Dios guía con fuego

Les guió de día con nube,

Y toda la noche con resplandor de fuego.

Salmo 78.14

Este salmo habla de las cosas maravillosas que hizo Dios por el pueblo de Israel, ¡y fueron muchas! Pero, me llamó la atención este versículo por el contraste entre las dos cosas que usó para guiarlos.

Dios guió a su pueblo. Jamás hubo duda.

Todos sabían que allí estaba Dios llevándolos por el camino correcto.

Y durante el día, les guiaba con algo bonito y tranquilo, algo protector. La nube representaba sombra y agua, dos cosas esenciales y consoladoras en el desierto.

Pero no siempre les guiaba con algo tan confortante.

Por las noches, era diferente. Por las noches, Dios los guiaba con algo indomable, algo que había que respetar, los guiaba con fuego.

Hoy también, podemos tener la absoluta seguridad de que Dios nos guía. Él está con cada creyente guiando su vida. Y a veces, esa guía es algo consolador, algo tranquilo. A veces nos guía con algo que sentimos que nos hacía falta.

Y a veces, nos guía con algo muy diferente.

Aún hoy, Dios a veces guía con fuego.

Nos guía usando cosas difíciles que no queremos enfrentar, nos guía con situaciones que no nos sentimos capaces de controlar, nos guía con tribulaciones aterradoras.

El fuego, en el desierto, tenía un propósito. Dios no eligió la nube y el fuego al azar. Así también con nosotros, Dios nos guía, influye en nuestras vidas con nubes y fuego, no de manera arbitraria, sino con un propósito divino.

Cuando Dios nos guía con una nube, quizás sea un alivio.

Pero podemos tener plena confianza que cuando Dios nos guía con fuego, es con un propósito y es para nuestro bien.

ignoro la obra de Dios

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Imagen de Alexandr Bormotin en Unsplash

Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas. Eclesiastés 11:5

Cada uno de nosotros puede ser usado por Dios para cumplir Sus propósitos.

Él nos llama a obras y servicios específicos y si obedecemos, podemos servirle y tener el privilegio de ser parte de Su obra.

Pero, nunca debemos caer en el error de creer que sabemos lo que Dios está haciendo. 

Para mí, es fácil creer que yo sé el siguiente paso de la obra. Puedo analizar cómo creo que progresará después de una serie de predicaciones, o suponer que después de cierta enseñanza se podrá establecer una asamblea. 

La verdad es que realmente yo no sé. 

Mientras yo me enfoco en la cantidad de niños que vienen a las clases bíblicas o en un espíritu de servicio que veo en algún hermano, el Señor está obrando invisiblemente en corazones que yo ni tomo en cuenta. 

Leer este versículo fue un muy buen recordatorio para mí. 

Yo soy sierva en la obra de Dios. Pero eso no quiere decir que yo sé o entiendo lo que Dios está haciendo. Mi propósito es obedecerle. Y sí, me corresponde enseñar y plantar semillas de verdad en los corazones de los que me rodean, pero también debo abrirme a cualquier posibilidad que Dios pone delante de mí. 

Él es el Señor de la mies. 

Él sabe lo que hace. 

Yo no sé. Ni es necesario que yo sepa.

Sólo me corresponde hacer lo que Él me pida. 

5 versículos de Santiago que cambian la vida

Acabo de terminar de leer el libro de Santiago y, a pesar de la opinión que tenía Martín Lutero sobre este escritor, ¡encontré muchísimas cosas de ayuda en la vida cristiana! Hoy sólo voy a compartir cinco versículos, uno de cada capítulo, que tienen la potencial de transformar mi vida si vivo según sus verdades. ¡Espero te inspiren, como a mí!

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1.5

 ¿Cuántas veces me he topado con un problema que me hace sentir totalmente perdida y mi reacción ha sido todo menos hablar con el Señor? Él ahí está, esperando a que acuda a Él para pedirle Su sabiduría. Me quiere ayudar y si yo fuera a pedírselo con más frecuencia, ¡mi vida cambiaría!

Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. Santiago 2.12

Antes de ser creyente, yo vivía bajo la ley del pecado. Estaba acostumbrada a tener reglas y a romperlas. Y ahora que soy salva, es demasiado fácil seguir viviendo como si yo y todos los demás creyentes fuéramos a ser juzgados por la ley. ¡Pero no es así! Los salvos por gracia vivimos y seremos juzgados por la ley de libertad. ¿Qué quiere decir eso? Estamos bajo la gracia, es decir, ¡tenemos libertad de palabra y acción! Entonces, ¿qué haré con este gran privilegio? ¿Seguiré queriendo seguir y queriendo que todos mis hermanos sigan ciertas reglas? ¿O disfrutaré de la gracia que Dios nos ha dado a todos? 

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Santiago 3.17

¡Me encanta aprender! Pero, ¿qué hago con lo que aprendo? ¿Lo uso para demostrar lo inteligente que soy? ¿Lo uso para destrozar a los que no están de acuerdo conmigo? ¿Lo uso para hacer sentirse tontos a los que me contradicen? O, ¿uso mi sabiduría para paz, con amabilidad y bondad, mostrando misericordia para los que quizás no han tenido las oportunidades para aprender que Dios me ha dado a mí? Qué el Señor nos ayude a usar lo que sabemos para Su gloria, para buenos frutos, nada más. 

En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Santiago 4.15

No se puede vivir sin hacer planes. Pero, ¿cuál es el centro de mis planes? ¿Mis planes giran en torno al Señor o en torno a mí? Si antes de hacerlos, yo tomara un tiempo para consultar al Señor, mi vida cambiaría por completo. 

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Imagen de Eric Rothermel en Unsplash

Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Santiago 5.8

¡La venida del Señor se acerca! Si realmente creyera que Cristo está por llegar, ¿cambiarían mis actividades? Probablemente sí, quizás daría más prioridad a mi familia, quizás hablaría con esa amiga inconversa, quizás regalaría ese folleto que ha estado en mi bolso durante días. ¡Qué el Señor nos ayude a vivir hoy según la verdad que Él regresa pronto!

¿y si no?

Tenemos un Dios potente y bueno. 

Entonces, Dios nos protegerá, ¿verdad? Dios me librará del mal. Dios me cuidará. 

¿Y si no? 

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Imagen de Rowan Heuvel en Unsplash

¿Qué pasa cuando llega el mal y siento sus efectos? ¿Qué hago cuando mi vida se ve destrozada por la maldad de otros? ¿Cómo justifico a Dios en mi mente cuando me siento totalmente vulnerable al Enemigo y sus acechanzas? 

¿Y si Dios no me protege? 

“ …nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado.” Daniel 3:17,18

Ananías, Misael y Azarías tenían la respuesta. 

Le tenían confianza a Dios. Él los rescataría. 

¿Y si no? 

Aún así, le darían gloria y adoración sólo a Él. 

Aun así, morirían antes de cuestionar su bondad y su deidad. 

Aún así, se rehusarían a adorar otra cosa que no fuera Él. 

Job sufrió pérdidas y penas increíbles y él tuvo la misma actitud que estos tres hombres: 

“Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró. El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó. ¡Sea bendito el nombre del SEÑOR!” Job 1:20, 21

En el caso de Ananías, Misael y Azarías, estaban bajo la amenaza de una muerte terrible si no adoraban a un dios falso. En el caso de Job, la tragedia ya había llegado a su vida, él había perdido todo. Y estos hombres ejemplares, no hicieron más que adorar a Dios. 

¡Qué ejemplo tan impactante!

Vivo confiada en Dios, oro a Él y creo que Él me protegerá, me cuidará.

¿Y si no?

Y si no, quiero seguir fiel honrando sólo a Dios. 

Y si no, que el Señor me ayude a adorarle.

Y si no, aunque él me mate, en Él esperaré.