7 preguntas para planear una clase bíblica

Muchos creyentes empiezan a servir en su iglesia local siendo maestros de la escuela dominical. Algunos reciben capacitación, otros aprenden observando ¡y algunos simplemente aprenden por ensayo y error! Hoy quiero compartir con ustedes unos lineamientos básicos para preparar una clase bíblica, sin importar el tamaño de la clase o la edad de los alumnos.

Esto me hubiera ayudado a mí al iniciar, ¡y espero ayude a muchos!

1. ¿Qué historia o tema toca?

Hay maestros que simplemente eligen el tema cada semana, no es tan buena idea como parece, ya que esto se presta para mucha repetición y más tiempo en los temas que prefiere la maestra. Es muy recomendable seguir algún tipo de sistema, sea un libro de historias bíblicas* o un currículo creado especialmente para la escuela dominical.

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2. ¿Cuáles son los puntos principales?

Después de averiguar el pasaje que toca, hay que leerlo y buscar los puntos principales. ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué hacen? ¿A quién se lo hacen? ¿Dónde lo hacen? ¿Cómo y por qué lo hacen? Las respuestas a estas preguntas nos pueden ayudar a identificar los puntos principales del pasaje.

Esto es importante porque es muy fácil perdernos en los detalles de la historia y así perder no solo la atención de los alumnos, sino también la respuesta a la siguiente pregunta.

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3. ¿Qué lección quiero enseñar con base en esos puntos?

Es obvio que la razón por laque tenemos escuelita dominical es para enseñar. Entonces, esta pregunta es muy importante. Generalmente, se pueden enseñar dos o tres verdades o lecciones del mismo pasaje. Es bueno elegir y enfocarnos solamente en una verdad por clase, para evitar confusión.

Otra cosa imprescindible es recordar que queremos enseñar el evangelio. Los alumnos de la escuela dominical necesitan escuchar el evangelio, hayan profesado fe en Cristo o no. Entonces, los maestros deben preguntarse ¿cómo puedo enseñar el evangelio o principios del evangelio con base en pasaje?

4. ¿Qué versículo enfatiza esa verdad?

Quizás lo más importante de una clase bíblica es la memorización de un versículo en cada clase. Esto ayuda a reforzar la verdad que se aprendió y, aún más importante, siembra la Palabra de Dios en ellos.

Si el maestro sigue un currículo de escuela dominical, es probable que hay se haya asignado un versículo a la lección. (Esto ayudará también a identificar la respuesta a la pregunta 3.) Pero, si no, el maestro debe buscar un versículo que enseña la verdad que quiere que los alumnos aprendan.

Nótese: este versículo no siempre estará en el pasaje de la clase. Por ejemplo, si toca la historia de David y Goliat y queremos enseñar que Dios ayuda a hacer cosas que parecen imposibles, se puede usar Mateo 19:20 “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” No sería de mucho provecho pedirles que memoricen 1 Samuel 17:46 “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza…” ¡aunque es parte de la historia!

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Imagen de Aaron Burden en Unsplash

5. ¿Qué técnica de memorización voy a usar para enseñarles el versículo?

La memorización del versículo no solo es lo más importante que les dejamos a los alumnos, sino que también es una actividad interactiva que puede ser muy divertida y llamar la atención de los alumnos. Pero, esto solo sucede si la maestra está preparada. No requiere de mucha preparación de antemano, pero es importante variar las técnicas de memorización, porque si no, ¡los niños se van a aburrir con el “Repitan después de mí” de toda la vida!

Para memorizar, hay que repetir, pero podemos variar la actividad. Se puede usar un botón de volumen imaginario. Se puede usar un semáforo de papel para que los niños comiencen a decir el versículo y luego se detengan cuando el maestro señale la luz roja. Se puede usar un palo de una escoba para controlar la rapidez y que los niños digan el versículo más rápido o más lento dependiendo del “indicador.” Se puede ir borrando cada palabra del pizarrón. Se puede jugar “voleibol de palabras”, (se divide la clase en dos equipos y se turnan diciendo las palabra del versículo, una y una.) Se pueden usar globos o una pelota pequeña, ¡es obvio que hay un sin fin de opciones! Pero, por favor, por amor a los alumnos, ¡no hay que ponerlos a repetir solamente!

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Imagen de Minh Trí en Unsplash

6. ¿Cómo puedo usar algo físico para enfatizar la lección?

Los alumnos se distraen fácilmente (¡aún los adultos!) Entonces es muy bueno traer algo para llamarles la atención: un pintarrón pequeño*, unos títeres*, un dibujo coloreado, ,etc. Si son alumnos mayores, escribir los puntos principales en un pizarrón o pedirles que ellos lo hagan, puede ayudar a que no se distraigan. También, se les puede pedir que tomen notas, que hagan un mapa mental o una línea del tiempo para que sea más interesante.

Hay que notar algo aquí: es un error frecuente usar estos apoyos visuales para ilustrar un punto menor. Por ejemplo, al enseñar acerca de Moisés cuando lo rescata la princesa del río, el punto principal es que Dios lo cuidó. Llevó a la princesa al río, puso compasión en su corazón e hizo que ella contratara a la misma madre del bebé para criarlo. Llevar una canasta o un portabebé a la clase sería interesante, pero llevar un cocodrilo inflable (porque en el río hay cocodrilos) dirige la atención de los alumnos hacia algo irrelevante.

Títeres de dedo

7.¿ Qué tipo de actividad ayudará a grabar la lección en la mente de los alumnos?

Se ha comprobado que cuando hay alguna actividad física, el cerebro aprende mejor. Entonces, es muy bueno tener una actividad en la clase para reforzar su conocimiento de la lección. Muchas veces usamos hojas para colorear para los alumnos más chicos, pero pueden ser manualidades. En especial, los pequeños necesitan esto ¡porque tienen mucha energía! Con alumnos mayores, pueden ser crucigramas o sopas de letras, o proyectos más difíciles. A veces, preparar esta parte de la clase es lo que toma más tiempo e inversión, pero vale la pena porque un alumno aburrido, ¡no aprende!

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Imagen de Thought Catalog en Unsplash

Estas siete preguntas son una buena guía para planear una clase bíblica. ¡Espero sean de ayuda!

¿Qué piensas tú? ¿Me faltó algún paso? ¿Cuáles consejos te han dado a ti sobre dar clases bíblicas?

 

*Enlace afiliado.

¿qué enseñamos en la escuelita bíblica?

Ser maestro de la escuela dominical puede ser muy divertido.

Es una obra que requiere de mucha energía, ¡pero que vale la pena! También es la forma en que muchos comienzan a servir en la iglesia local. Y es excelente porque ¡no hay mucha presión cuando interactuamos con  niños!

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Imagen de Muhammad Hardiansyah en Unsplash

Pero, siempre es bueno reflexionar sobre lo que realmente estamos haciendo en la clase de escuela bíblica.

¿Estamos allí para entretener a los niños un rato? ¿Para enseñarles a amar y servir a Dios? ¿Para enseñarles el evangelio? Lo que hacemos en la clase tiene un propósito, estemos conscientes de ello o no. Todas las actividades, tienen una meta. ¿Cuál es?

Hay clases en donde el propósito es cuidar y entretener a los niños de manera sana.

Lo que se hace en estas clases más que nada es contarles historias de la Biblia con ilustraciones divertidas. ¡La Biblia está llena de aventuras, de personajes interesantes y de sucesos chistosos! Una clase así, hace que los niños estén bastante familiarizados con todas esas historias de la Biblia. Y se divierten mientras aprenden.

Otras clases tienen el claro propósito de enseñarles a los niños cómo debe vivir.

Sí, se usan historias de la Biblia, pero siempre tienen una moraleja. Las ilustraciones se usan con cuidado para enfatizar la lección, ya sea obedecer a los papás, amar a Dios o seguir las reglas. Los niños salen de este tipo de clase sabiendo qué es lo que deben hacer y qué, no. ¡Claro, no por eso no lo disfrutan! Un buen maestro sabe usar premios e ilustraciones como apoyo para que los niños aprendan bien esas lecciones de vida.

Finalmente, hay clases que tienen un propósito distinto.

Este propósito, fácilmente se confunde con el propósito del párrafo anterior. ¡De hecho, supongo que la mayoría de los maestros de la escuela bíblica piensan que éste es su propósito, también!

El propósito de este tipo de clase es enseñar el evangelio.

La maestra de esta clase va a usar ilustraciones, premios y juegos. Los niños sí se van a divertir, pero ese no es el propósito y los niños sí van a aprender lo que es bueno y lo que es malo, pero eso será un efecto secundario. El propósito es que oigan el evangelio. Se cuentan historias de la Biblia, se ríen de lo chistoso, disfrutan de las aventuras y aprenden algo importante. Pero, las moralejas en este tipo de clase no son “obedece a tus papás” ni “sirve a Dios”. Una maestra enfocada en el evangelio va a saber que los niños son totalmente incapaces de hacer esas cosas si no son transformados primero por Cristo. La clase centrada en el evangelio va a enfatizar que los alumnos son pecadores. (Y eso tomará varias clases, ¡porque ellos sinceramente piensan que no lo son!) Los niños en esta clase aprenden que Dios es santo y no tolera el pecado, que los pecadores no tienen la esperanza de limpiarse, pero que Dios quiso rescatarles ¡y mandó un Salvador a limpiarles de su pecado!

Y esa es la razón por la que existe la escuelita bíblica.

Ese debe ser el único propósito en la clase: que los niños entiendan el evangelio.

Creo que ya me delaté. Estoy totalmente convencida de que estos tipos de clase no tienen el mismo valor. Sólo hay un tipo de clase que vale la pena. Si queremos entretenerlos, para esto están la televisión y los libros. Si queremos que vivan una vida que agrada a Dios, les estaremos exigiendo algo imposible antes de ser salvos.

Los alumnos de la escuela bíblica necesitan el evangelio.

Claro, será necesario enseñarles ciertos principios con este fin, especialmente si son muy pequeños. Tienen que aprender que ellos son pecadores (por ejemplo, desobedecer o pegarle a tu hermano es pecado), que Dios lo ve todo (no pueden esconder su pecado de Dios), que Dios tiene un Hijo (y lo ama muchísimo, por eso fue tan increíble que lo sacrificara por los pecadores), etc. Pero, cada lección, cada ilustración, cada versículo a memorizar debe llevar a una sola meta: que los niños aprendan el evangelio.

Nota: Quisiera agregar que esto no sucede en una sola clase. Sé que hay maestros que procuran explicar el evangelio en la primera clase y que los alumnos sean salvos ese día. Pero, los niños, tal como los adultos, necesitan tiempo para procesar toda esta información y la mayoría no estará lista para recibir a Cristo como Salvador el primer día. Esto es algo tan importante que no se puede hacer bajo presión. El trabajo del maestro es enseñar el evangelio. El animar al niño a acudir a Cristo por su salvación es trabajo del Espíritu Santo.

recordar esto lo cambia todo

¿A veces se te olvida el poder De Dios?

A mí, sí.

Sé que Él creó todo, que venció la muerte, que da vida en abundancia… Pero, cuando caigo derrotada bajo las presiones de la vida, cuando me enfrento con un diagnóstico negativo, cuando me veo totalmente cercada de una enredadera de problemas, lo último que se me ocurre es que Dios es poderoso.

Pienso en mi impotencia, en mi debilidad, en lo imposible de mi situación.

Pero no pienso en que el Dios que yo adoro es soberano.

Y veo a unas mujeres en Mateo 28 que tenían el mismo problema.

Su Mesías había muerto. Sólo les quedaba llorarle. Las ilusiones de un reino nuevo habían sido destrozadas. La realidad de un Cristo que les brindaba amor y respeto había acabado. El hombre que era su mundo, su esperanza había muerto.

El ángel en la tumba les dijo —Yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. —Pero no se detuvo allí, sino que, con una invitación, trajo a su memoria la gran verdad que habían olvidado—.

Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

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Imagen de Bruno van der Kraan de Unsplash

¡Él es el Señor!

El Señor que manda, que tiene todo bajo su control.

El Señor sobre la muerte.

El Señor sobre el mundo.

¡El Señor suyo!

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambió todo para ellas.

Y recordar que Jesús es el Señor, lo cambia todo para mí.

a veces Dios guía con fuego

Les guió de día con nube,

Y toda la noche con resplandor de fuego.

Salmo 78.14

Este salmo habla de las cosas maravillosas que hizo Dios por el pueblo de Israel, ¡y fueron muchas! Pero, me llamó la atención este versículo por el contraste entre las dos cosas que usó para guiarlos.

Dios guió a su pueblo. Jamás hubo duda.

Todos sabían que allí estaba Dios llevándolos por el camino correcto.

Y durante el día, les guiaba con algo bonito y tranquilo, algo protector. La nube representaba sombra y agua, dos cosas esenciales y consoladoras en el desierto.

Pero no siempre les guiaba con algo tan confortante.

Por las noches, era diferente. Por las noches, Dios los guiaba con algo indomable, algo que había que respetar, los guiaba con fuego.

Hoy también, podemos tener la absoluta seguridad de que Dios nos guía. Él está con cada creyente guiando su vida. Y a veces, esa guía es algo consolador, algo tranquilo. A veces nos guía con algo que sentimos que nos hacía falta.

Y a veces, nos guía con algo muy diferente.

Aún hoy, Dios a veces guía con fuego.

Nos guía usando cosas difíciles que no queremos enfrentar, nos guía con situaciones que no nos sentimos capaces de controlar, nos guía con tribulaciones aterradoras.

El fuego, en el desierto, tenía un propósito. Dios no eligió la nube y el fuego al azar. Así también con nosotros, Dios nos guía, influye en nuestras vidas con nubes y fuego, no de manera arbitraria, sino con un propósito divino.

Cuando Dios nos guía con una nube, quizás sea un alivio.

Pero podemos tener plena confianza que cuando Dios nos guía con fuego, es con un propósito y es para nuestro bien.

¿desde dónde sigo a Cristo?

En Lucas 22:54-62 leemos la triste historia de Pedro cuando negó a Cristo. La última vez que leí este pasaje, lo que resaltó fue la última frase del versículo 54.

“Y Pedro le seguía de lejos.”

Creo que esta frase es la clave para el resto de la historia.

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Imagen de Jehyun Sung en Unsplash

Pedro le estaba siguiendo, pero a una distancia “razonable”. Había pasado su época de “fanático” (todos seguramente recuerdan el incidente con la espada). Ahora, seguiría a Cristo de una manera más moderada.

Quizás aquí podamos notar la tendencia de los seres humanos hacia los extremos. Pedro quería seguir a Cristo con mucha pasión, pero tenía poco entendimiento. Luego se distanció de Cristo, tanto que terminó totalmente separado de Él.

Pero, ese no es mi punto en esta entrada.

Mi punto es señalar el peligro de seguir a Cristo de lejos.

Lo mejor que podemos hacer en esta vida es permanecer cerca del Señor.

El que sigue a Cristo de lejos, no lo ve todos los días. No tiene conversaciones con Él a diario. No ve las huellas de Sus pisadas para seguirlas con precisión. No conoce su corazón.

Y, quizás, el cristiano que sigue a Cristo de lejos, también llegue a encontrarse en una situación como la de Pedro, a punto de negar que siquiera conoce a su Señor.

Entonces, te dejo con el reto, y es algo que yo también tengo que enfrentar.

¿Desde dónde sigo a Cristo?

¿Sigo a Cristo desde lejos?

¿O estoy con Él siempre? ¿Camino con Él? ¿Platicamos a diario? ¿Me muestra lo que hay en Su corazón? ¿Sé lo que es disfrutar de su presencia día con día?

¿Será que algún día podrán decir de mí: “Y Erika le seguía de cerca”?