¿cómo atrevernos a guardar silencio?

Hace dos años publiqué esta entrada en el blog en inglés, pero es un mensaje que nunca me cansa. Espero te inspire al vivir tu vida como cristiano misionero.


Hace unos meses Ricky predicó de 2 de Reyes 7 y vimos la historia de los leprosos que estaban afuera de la ciudad sitiada de Samaria.

Por si no lo has leído últimamente, te recuerdo rápido de qué trata. Israel estaba peleando una guerra y el enemigo habit sitiado la capital durante tanto tiempo que ya no había comida. Estaban perdiendo Esperanza y si los que estaban adentro de la ciudad estaban sufriendo, la situación de los leprosos que estaban afuera, era aún peor. Por eso, los hombres habían decidido entregarse al enemigo y pedir comida. Lo peor que les podría pasar era que los matarían, pero si se quedaban como estaban, también morirían.

Entonces, fueron al campamento enemigo. Y en lugar de toparse con soldados, encontraron riquezas. Tesoros por todos lados. Ropa, dinero ¡y muchísima comida! Todo estaba abandonado, Dios los había espantado para proveer para Su pueblo.

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Imagen de Peter Hershey en Unsplash

¡Qué sorpresa! Los leprosos se emocionaron, comenzaron a correr por el campamento, tomando las cosas y escondiéndolas. Pero, pronto, se detuvieron.

“No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Ahora pues, vayamos, entremos y demos la noticia a la casa del rey.”  (1 Reyes 7:9.) 

Rápido llevaron las noticias a la ciudad y al día siguiente, todos los de la ciudad tenían suficiente para comer, tal como lo había profetizado el hombre De Dios.

Pero, esa exclamación de los leprosos me recordó a mí.

Este es el Día de la Gracia. Este es el día de Buenas Noticias. ¿Y yo guardo silencio? ¿Yo callo? No hago bien. ¿Qué sucederá si espero hasta que haya pasado el día? ¡Qué consecuencia tan terrible!

¡Éste es el momento de proclamar las Buenas Noticias! ¡Hoy es el día de salvación! Hoy es el día para ir, en arrepentimiento, a Cristo.

¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído?

¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Tal como los leprosos, ¡recordemos que hay personas que están muriendo!

Las personas se están perdiendo y nosotros tenemos lo que les hace falta.

¿Cómo no decirles?

¿Cómo atrevernos a guardar silencio?

Los tiempos de la Abuela

Carla suspiró al ver la Biblia abierta sobre la mesita. 

Unos días antes su abuela había fallecido y ya estaban metiendo todas sus pertinencias a estas cajas de cartón. Su mamá estaba en la sala, llorando al guardar las figuritas de cristal que había coleccionado la abuela a través de toda una vida. Suponía que su papá seguía limpiando la cochera. Carla se preguntó por qué le habían dejado lo más difícil a ella. ¡La habían enviado a guardar las cosas de la recámara! Allí donde estaba toda la ropa que aún tenía el aroma al perfume de su abuela, allí donde aún estaba su argolla de matrimonio sobre el tocador, en la charolita plateada que tenía grabado su nombre: Evelina Abitahan, allí donde estaba la Biblia aún abierta sobre la mesa que estaba a un lado de la cama. 

Él les respondió: 

—A ustedes no les toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso por su propia autoridad. 

El versículo estaba subrayado pero Carla nunca había entendido por qué su abuela lo citaba tanto. Habiendo tantos versículos consoladores sobre el carácter de Dios… y ya no tendría la oportunidad de preguntar.

 

Se talló los ojos y abrió el cajón de la mesita para empezar a vaciarlo. Sacó unos pañuelos blancos, bordados que olían a flores. Sacó un pequeño frasco de agua de rosas. Y luego, sacó un libro. Parecía que estaba forrado de piel y pensó que era otra Biblia, pero nó, era muy delgado. Lo abrió y de repente una luz blanca llenó la recámara. ¿Era una pantalla? Clara lo tocó y se sorprendió cuando pareció moverse la pantalla, ¡como si fuera una hoja de papel! Se dio cuenta de que era un libro pero cada página estaba alumbrada como si fuera una pantalla. ¡Nunca había visto algo así! Estaba a punto de llamar a su mamá cuando vio que había dos pequeños símbolos al pie de cada página: una bocina y un rectángulo. Tocó la bocina y dio un brinco cuando oyó la voz de una mujer. ¿No había cómo cambiar el volumen? Encontró el botón y lo bajó. Luego, se regresó a la primera página y, emocionada por descubrir más, tocó el símbolo del cuadrito que no reconocía. Pegó otro brinco cuando de la pantalla en sus manos se proyectó al techo el video de una joven que se peinó el cabello oscuro con los dedos antes de hablar. 

— La Capital de México a 15 de junio de 2854. Este diario es el primero que me compro con mi propia moneda. Por eso decidí comprar la versión forrada en piel, sé que es un lujo pero no creo volver a tener la oportunidad de gastar tanto en algo personal. Además, este diario será el más especial hasta el momento. —La chica sonrió—. Este diario es el primero en el que mencionaré un nombre muy especial: Antoni. Conozco a Antoni desde hace tiempo, es del sur pero vino a la Capital por el trabajo. Trabaja con la Fuerza de Defensa Espacial. Como yo trabajo con la Organización de los Planetas Unidos, no tenía por qué conocerlo, ¡fue chiripa! Pero, hace unos meses, me pidieron organizar un evento conjunto de la FDE y la OPU y allí fue donde nos conocimos por primera vez. No tardamos mucho en conocernos bien y muy pronto él conoció a mis papás y yo a los de él. Nuestros valores son los mismo a pesar de trabajar en organizaciones que parecen tan opuestas. ¡Los dos estamos allí por las mismas razones! ¡Estamos seguros de que Dios nos llevó a conocernos ese día! Sé que en muy poco tiempo me va a proponer el matrimonio. Y estoy totalmente lista para decir que sí. Juntos podremos hacer tanto por nuestro planeta, ¡juntos podremos honrar al Creador cuidando su creación! Creo que nunca he sido tan feliz. 

La recámara quedó oscura de nuevo. Carla no podía creer lo que acababa de oír y ver. Era como una historia del futuro… pero, ¿cómo? Dio la vuelta a la página y el libro comenzó a brillar de nuevo. Pulsó otra vez el símbolo del proyector. 

— La Capital de México a 23 de junio de 2854. ¡Lo hizo! ¡Me propuso matrimonio! ¡Y después de sólo unos meses de conocernos! ¡Pero soy la mujer más feliz de los planetas! Y Antoni el hombre más lindo. ¡Mira, estoy llorando de felicidad! Sé que Dios tiene grandes propósitos para nosotros. En la oficina no pueden creer que me vaya a casar con alguien de la FDE, ¡pero es la persona correcta! Mis papás están felices porque conocen sus principios y él ha sido muy respetuoso con ellos. Ahora, empieza el caos de planeación de ceremonia de unión. Claro, siempre he soñado con una ceremonia como las bodas antiguas, con todo y flores, vestido blanco y argollas de oro, pero… lo antiguo es caro. Antoni cree que sería mejor gastar esa moneda en preparación de un hogar y una vida juntos. Y estoy de acuerdo… entonces probablemente hagamos una ceremonia de unión ordinaria: decoraciones de cristal, un sarí con bordado azteca para mí, y para él su uniforme, el changshan azul marino, y argollas láser. Es la opción más práctica. Lo que no hemos hablado es en dónde vamos a vivir. Mi departamento es muy céntrico, pero pequeño. Él tiene un condominio más amplio pero tiene un diseño totalmente jupiteriano y no me gusta. Además, el trabajo de ambos queda más lejos… a ver qué hacemos… ¡Ah! Y entre tanta emoción se me olvidó también algo muy importante. En el trabajo me están ofreciendo otra posición. Hasta ahora mi título ha sido “Intermediaria Suplente de la OPU al Planeta Tierra” pero ahora el Intermediario oficial, mi jefe, está listo para jubilarse. Me dijo que se quiere mudar a Marte, porque ahí hay muchas buenas actividades. ¡Yo jamás me iría ahí! ¿Por qué no Saturno? ¡Me dicen que es mucho más bonito que Marte! O ya que uno se va a mudar, pues a Casiopea en Andrómeda, ¿no? ¡Que sea una verdadera aventura! Pero bueno… cada quién. Pues, obviamente, a mí me ofrecieron el trabajo de mi jefe y estoy ¡súper feliz! Aún no le he contado a Antoni, porque me lo acaban de ofrecer hoy. Tengo hasta la próxima semana para darles mi respuesta final, pero obvio ya les dije que sí. Ya no estaría limitada a organizar eventos sociales entre organizaciones, sino podría realmente hacer una diferencia en comités, juntas y reuniones de las naciones de la Tierra y otros planetas. ¡Qué privilegio! ¡Qué oportunidad tan grande! 

— La Capital de México a 29 de junio de 2854. Tenía varios días sin ver a Antoni. Parece que ahorita lo invitaron a participar en un proyecto muy grande y me da gusto por él. Está emocionado, y me dijo que dentro de unas semanas estará un poco más libre y podrá ayudarme con los planes de la ceremonia de unión. Mientras tanto, estoy ya preparándome para tomar el lugar de Intermediaria General de la OPU al Planeta Tierra. Aún no les he dado mi respuesta oficial pero, bueno… hoy por la mañana Antoni me llamó y me preguntó si podía salir a desayunar con él. Cuando lo vi, en lugar de llevarme a un restaurant me llevó a una bodega aérea. ¡Fue lo más raro del mundo! Tuvimos que dejar identificación oficial en la puerta, pero él me dijo que perderme el desayuno y todo el trabajo de firmar a la entrada y que nos tomaran foto y todo valía la pena… ¡y qué sorpresa me llevé! ¡Lo que me mostró fue algo increíble! Resulta que en el planeta Tierra hace unos 38 años, ¡alguien inventó un transporte temporal! Digo siempre se han oido rumores, pero resulta que la FDE la compró junto con los derechos de uso y luego solicitó que se clasificaran como Secretos Planetarios para evitar que cayeran en manos de alguien más. Allí está el transporte, sólo que nadie lo puede usar. Y ningún otro planeta lo sabe. Aún aquí, sólo hay rumores. Resulta que la FDE hasta saca rumores falsos para que nadie se entere de lo que realmente hay. Creo que en teoría Antoni no debe habérmelo mostrado, pero todo lo hicimos según el procedimiento y obvio no lo voy a decir a nadie… ¡y menos en el trabajo! Antoni me dejó en la oficina y justo le iba a decir de mi oportunidad cuando le llamaron de urgencia. Así es la vida de un oficial de la FDE. Le tendré que decir el sábado. El sábado me dice que ya estará más libre aunque no habrá terminado el proyecto. 

— La Capital de México a 1 de Julio de 2854. No sé qué hacer. Hoy salí a cenar con Antoni. Me contó cuál es su proyecto tan emocionante y que le ha quitado tanto tiempo últimamente. La FDE lo quiere enviar a su estación en Venus ¡y él quiere ir! ¡Quiere que vayamos! Me contó con tanta emoción todo lo que podría hacer para la protección de nuestro planeta allá, y supuso que en la OPU podría solicitar que me transfirieran a las oficinas de Venus. Supongo que sí, pero… ¡jamás lo consideraré! ¡No sé qué está pensando! ¿Cómo irnos de este planeta que tanto amamos? Aunque sea para protegerla… ¡no me voy a ir! Estoy enojada con Antoni. Y triste. Fue una conversación tan larga y complicada que ni tiempo me dio de darle mis noticias sobre el puesto nuevo que me están ofreciendo en la OPU. ¿Cómo lo voy a persuadir que se quede? 

— La Capital de México a 3 de Julio de 2854. Antoni y yo tenemos tres días peleándonos. Por fin le conté sobre el puesto que me ofrecen. Él obvio, supuso que les diría que no. Pero… si he trabajado tanto para por fin tener una voz en los comités interplanetarios. Por fin tendré el poder para hacer más que organizar fiestas. ¡Por fin, tendré un verdadero efecto sobre el futuro del planeta! ¡Y él se quiere ir! No sé ni como piensa ayudar a proteger a la Tierra desde Venus! 

Ay… bueno, es injusto decir eso. Sé que cada estación de la FDE tiene su razón de ser y si lo van a mandar para allá es por que hay algo que hacer ella. Pero… ¿cómo vamos a arreglar esto? Él se quiere ir. Yo me quiero quedar. Y esos valores compartidos en los que yo tanto confiaba son los que nos están llevando a dos planetas distintos. ¿Dónde está Dios en esto? ¿Por qué permitió que nos conociéramos si quiera? ¿Para qué si sólo nos iba a guiar en dos direcciones distintas? 

— La Capital de México a 10 de Julio de 2854. Pues ya. Ya se fue. Y obvio yo no fui. Me siento totalmente vacía. Él se fue aún convencido de que lo correcto es estar en Venus. Y yo no puedo más que pensar que debo permanecer en Tierra. No sé qué voy a hacer. Ya me ascendieron de puesto oficialmente, tengo mi primera junta en un mes. Pero, no tengo motivación. Sé que yo quería ayudar a proteger la Tierra pero ahorita, no sé ni para qué. Quizás todos los demás que viven aquí deben hacer algo por ella. Si ellos tienen ganas de vivir que se pongan a protegerla Tierra, ¡por que yo no quiero! 

¿Qué voy a hacer? ¿Seguir trabajando como si la persona más importante del planeta no se hubiera ido? ¿Voy a seguir diciendo “Buenos días” como si realmente fueran buenos? 

¡Mira! Otra vez me está llamando mi mamá. No sé por qué. No tengo nada que hablar con ella ni con nadie. ¿De qué vamos a hablar? ¿De que no tengo ni quiero futuro? ¿De que lo que según yo Dios me mostró sobre su plan para mi vida fue una mentira? ¿Qué me va a decir? 

Es cierto… no tengo ni quiero futuro. Quisiera vivir eternamente como había vivido hasta la semana pasada…

Jajaja… si sólo tuviera acceso a ese transporte temporal… jajaja.

Espera. ¿Por qué no? Usarlo es ilegal. ¿Y qué? ¿No acabo de decir que no tengo futuro? ¿Qué importa si me ven o me atrapan? En el mejor de los casos estaré viviendo mi vida de nuevo. Y en el peor… sigo sin futuro. ¿Y Dios? No sé… Dios no me ha contestado en estos días. ¿Dios qué me va a decir? Me voy. Hoy por la noche voy a entrar a la bodega aérea y me voy a regresar al año en que nací. ¿Qué voy a necesitar? ¿Qué me llevaré? Hmmm…  sólo este diario. Me lo voy a meter a la ropa. Así jamás olvidaré este momento. 

— La Capital de México a 10 de Julio de 2854. Ya estoy adentro. No me costó mucho meterme. Como es bodega aérea no hay mucha seguridad por las noches. Sólo un soldado y me metí cuando él se fue a checar el sonido de un cristal que se rompió atrás de la bodega. ¡De todos modos no me gustaban esos vasos que me regalaron en la oficina! Traje unas unidades de energía por si no estaba lleno el tanque del transporte temporal, primero las voy a insertar y luego no tendré mucho tiempo para poner la fecha después de arrancarla porque el ruido va a alertar al guardia… aquí vamos. ¡Auch! Está vieja esta máquina me pellizqué los dedos. Ok, ya están las unidades en su lugar. Y arranco… ¡pero qué ruido hace! ¡Ay no! ¡Ya me oyeron! ¿Dónde quedó el teclado de las fechas? 2 de Febrero de 2854. ¡Ya! 

La pantalla del libro se volvió negra. Carla rápido la tocó de nuevo para seguir escuchando la historia de la mujer tan atrevida como para robarse una máquina del tiempo. Pero las siguientes páginas estaban en blanco. ¿Qué le habría pasado? 

Pensativa, cerró el forro de piel, pero en lugar de guardar el libro en la caja, lo metió a su mochila. Tendría que pedirle permiso a su mamá para quedarse con él. En el cajón sólo quedaba una cobija de bebé, suave, blanca y con las iniciales de su abuela en una esquina, E. A. Justo en ese momento, entró su mamá en la habitación. 

—¡Carla! Te estoy llamando desde hace 5 minutos. 

—¡Perdón, mamá! No te oí. 

—Pues, sólo para decirte que vamos a pedir pizza. Una de pepperoni y la otra ¿de qué la quieres?

Carla ya no estaba oyendo a su mamá. Estaba viendo su cabello. Ese cabello largo, lacio y negro. 

—Mamá, ¿qué sabes de las máquinas del tiempo? 

—Clara, te estoy preguntando sobre las pizzas. Ahorita hablamos de eso. 

— De pepperoni. ¿Alguna vez has estado en una?

— ¿En una qué? Ya te dije que de pepperoni íbamos a pedir. ¿De qué pedimos la otra? 

—Pues, de lo que sea menos Hawaiiana. En una máquina del tiempo. 

—Ok, dame un segundo. —Su mamá desapareció por las escaleras mientras Carla doblaba la cobija. Cuando regresó, se sentó en la cama y miró a Carla a los ojos. 

—Ya regresé. ¿Por qué tantas preguntas de la máquina del tiempo? 

—Ah… no. No tienes los ojos iguales. Nomás el cabello. Ya nada. 

—Aaaahhh… ¿te refieres a tu abuela? Siempre me han dicho que me parezco mucho a tu abuelo, pero heredé el cabello exacto de tu abuela. 

Carla frunció la ceja, su idea no podía ser la correcta… ¿o sí? Puso la mano sobre la cobija en la caja. 

—¿Y esta cobija era de mi abuela cuando era bebé? Veo que tiene sus iniciales. 

—Sí. De hecho, tu abuela tiene un pasado un poco triste… como ya sabes, tu abuela no fue hija biológica de sus padres. Pero, nunca te había dicho que la encontraron abandonada afuera de un hospital. Pobrecita, en febrero hace un frío tremendo y lo único que llevaba era esta cobija. 

Carla no pudo contenerse. 

—¿En febrero de qué año? ¿No tenía otra cosa con ella? ¿Como un libro? ¿O una carta? ¿O algo?

—Que yo sepa no. Pero, nunca me quiso contar ella la historia. Su mamá me la contó a escondidas una vez. Sólo sé que la encontraron envuelta en esta cobija el 2 de febrero de 1927. Era una bebé de meses. 

—Mamá, ¡qué historia tan interesante! ¿Por qué nunca me habían dicho? 

—No sé. Yo siempre pensé que a tu abuela no le gustaba hablar de eso. Siempre cambiaba el tema cuando surgía, no se enojaba. De hecho, siempre sonreía antes de salir con otro tema de conversación. Fue una de esas cosas que nunca le pregunté.

Se quedaron en silencio. La mamá de Carla pensando en los recuerdos de su mamá y Carla mordiéndose la lengua para no soltar el secreto. 

—Pues, voy a bajar. Vente dentro de unos 15 minutos para comer.  —Su mamá salió del cuarto y Carla cerró la puerta tras ella. Sacó de nuevo el libro y lo volvió a abrir. Pulsó el botón de proyector para ver la cara de la joven mujer. ¿Su abuela? Tenía que buscar una foto de ella de joven. Abrió el closet y buscó en los cajones del tocador, pero no encontró ni una foto. Pensó que quizás encontraría álbumes de fotos en la sala, pero ¿cómo explicarle a su mamá para qué quería ver las fotos? Mientras pensaba en cómo decirle a su mamá, hojeaba las páginas del diario sin realmente verlas. Entonces, al llegar al final, la penúltima página cayó abierta. ¡Tenía letras escritas! 

No satisfecha con sólo leer este diario maravilloso, buscó el símbolo del proyector al pie de la página y lo pulsó. Se volvió a alumbrar el techo de la recámara.

— La Ciudad de México a 12 de enero de 2019. Siento que debo terminar esta historia. Nunca he intentado grabar en este diario desde la última entrada porque no sabía si funcionaría… la tecnología ha cambiado tanto… 

Pero bueno, la razón por la que estoy aquí hoy es un error mío. En las prisas de escaparme del guardia de la boda aérea…jajaja ¡qué raro se siente hablar de esas cosas después de tantos años de silencio! Pues, en las prisas pulsé mal la fecha. El transporte temporal me llevó a donde lo pedí y en la condición que yo quería. Por un error de dedo, llegué como bebé el 2 de febrero de 1927, en lugar del 2 de febrero de 2827. Para mí, en ese momento fue un error, pero con los años, he visto que Dios no comete errores. Él me trajo a un lugar y un tiempo en el que por un lado, ¡no tuve opción más que quedarme en este planeta! Jajajaja… Y por otro lado, esta época me ha enseñado cosas sobre la paciencia y la tolerancia que creo que jamás hubiera aprendido en mi época nativa. 

Estoy tan agradecida con Dios porque me trajo a un tiempo en el que yo pude conocerle mejor. En este tiempo, tan distinto al mío, tuve una niñez increíble, una niñez imposible en el siglo XXIX. No pude obtener un trabajo como el que había tenido, pero el trabajo que Dios me dio en esta época fue de enfermera. Y en este trabajo también, Dios me trajo a un buen hombre. Mientras que el amor de mi primera vida fue Antoni, jamás hubiéramos podido envejecer juntos. Pero, Juan Adelardo García Fournier ha sido para mí el esposo de mis sueños. Juntos servimos a Dios, criamos una familia y envejecimos. No fueron tiempos fáciles. La vida en el siglo XXI, ¡es tan difícil como se rumora en los siglos siguientes! Pero, fueron tiempos en los que Dios se mostró bueno. Lo que yo hice, en un berrinche inmaduro como una joven desesperada, Dios lo usó para mi bien, y espero, también para el bien de Antoni. Estoy segura que él pudo servir a Dios mejor sin mí, en su puesto en Venus. Y sé que mi Juanito y yo pudimos servir mucho mejor a Dios donde y cuando Él nos puso. 

Quería grabar una última entrada porque tengo 92 años, ya se fue mi Juanito y siento que se acerca el tiempo en el que iré ya también a estar con mi Señor. No sé si alguien encontrará este libro. No sé si pueda llegar a manos de mi familia en la Capital en el año 2854. Me gustaría que ellos supieran lo feliz que he sido y lo mucho que Dios me ha enseñado.

La pantalla se apagó y Carla cerró el libro por última vez. Estaba llorando. Eran lágrimas de felicidad al volver a ver a su abuela, al oír su voz pero también eran lágrimas de tristeza por la pérdida de una mujer tan increíble. 

Fue así como su mamá la encontró. 

—Carla, ¡te dije que… ah, ver ¿qué pasó, mija? ¿Por qué lloras? —Su mamá la abrazó y el libro cayó olvidado debajo de la cama. 

— Ya cariño. Yo sé que es una pérdida muy grande. Todos estamos tristes porque se fue, pero la veremos algún día en el cielo. No lloramos sin esperanza. Ella te amaba tanto… ¿Sabes que a ella le encantaba cuidarte de bebé? Decía que tu curiosidad te haría una gran aventurera, que serías como un Antoni. Supongo que estaba confundida con Alejandro el Magno…

el legado de mis abuelos

A principios de diciembre, falleció mi abuela materna. 

Un mes y medio después, falleció mi abuelo materno. 

Gracias a Dios, pudimos estar en Canadá en ambas ocasiones y estar con la familia. Entre las lagrimas y las risas de los recuerdos, me impactó mucho el efecto que un simple mortal puede tener en este mundo. 

Mis abuelos nunca fueron famosos; no tuvieron grandes logros que dejarían indelebles sus nombres en la historia del mundo, ni dejaron atrás obras escritas como su legado personal. 

Pero, cada uno, dejó su huella única en el mundo.

Una huella que se sentirá años después de que sus nombres hayan sido olvidados. 

Sus cuatro hijas fueron formadas por la influencia de sus padres. Cada una tomó la crianza que sus papás le dieron y se fue en una dirección distinta. Y donde más se nota la influencia de mis abuelos es en reuniones familiares. Observé que una hija heredó de mi abuela, no sólo el amor por la música, sino la disciplina de practicarla. Otra heredó el sentido de humor de mi abuelo ¡y les causa mucha risa a sus hermanas! Todas siempre tienen sus casa en orden, tal como lo tenía su mamá. ¡Y las cuatro disfrutan salir a buscar ofertas como lo hacía mi abuelo!

Pero, mis abuelos dejaron muchas cosas de valor, no sólo a sus hijas sino también a los nietos: 

  • El amor por los idiomas. 
  • El deseo de profundizar en la Biblia. 
  • El amor por los buenos himnos. 
  • La importancia del testimonio personal. 
  • La gravedad del pecado. 
  • La prioridad de compartir el evangelio. 
  • Lo precioso que es una asamblea al Señor. 

Creo que hasta ahorita, nunca había apreciado todo lo que nos enseñaron mis abuelos a través de palabra y ejemplo.

Y sus vidas me inspiraron. 

Su influencia quedará en las vidas, no sólo de sus hijos y de sus nietos, no sólo entre los que los conocieron, sino también entre los que no. Hay personas en todo el mundo que recibieron bienes físicos y también el evangelio gracias a los esfuerzos de mis abuelos. Esas personas que nunca oyeron sus nombres y otras personas que ya jamás tendrán la oportunidad de conocerlos aún pueden sentir la influencia de sus vidas. Las siguientes generaciones que aún no han nacido podrán sentir la influencia de las verdades que vivían mis abuelos.

Yo también quisiera poder dejar un legado así cuando el Señor me lleve. 

Yo también quisiera que, aunque olviden mi nombre, mi influencia sea una influencia piadosa en las vidas de muchos más de los que jamás me conocieron. 

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Muriel & Jim Webb

lo que hizo el rey David

Hace mucho compartí esta entrada en el blog que tenía en inglés. Espero hoy también te inspire a vivir la vida del creyente misionero.


¿Alguna vez has leído Hechos 13:36?

Seguramente sí. Estoy que segura que yo también lo había leído muchas veces antes de leerlo el martes, pero nunca había notado lo que decía el versículo acerca del rey David.

Resulta que David tenía una misión especial, una misión que yo creo que Dios también te ha dado a ti.

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…

¿Ya viste? El rey David sirvió a su propia generación.

Yo leí el versículo justo después de pedirle a Dios sobre un proyecto específico que estaba meditando. Este versículo fue mi respuesta a la pregunta, “¿Qué debo hacer?”

Sirve a tu generación.

Los abuelos de mis amigos quizás no crean tener mucho que aprender de alguien tan joven, pero mis amigos sí me están observando. Quizás mis compañeros no quieran escuchar a mis papás compartir un versículo de la Biblia, pero me conocen a mí y conocen a mi testimonio.

Yo puedo compartir las verdades del evangelio con mis conocidos, de una manera que nadie más puede.

Y lo mismo aplica a ti.

Entonces, te animo a hacer lo que hizo David.

Sirve a tu generación.

Contemplar la cruz

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Imagen de Niels Weiss en Unsplash

En la luz de la mañana,

cuando las estrellas duermen,

alzo mis ojos al cielo

que quiero contemplar la cruz.

En la tarde me detengo

entre mis actividades,

busco estar solo un momento,

que quiero contemplar la cruz.

En la noche tan tranquila,

cuando cierro ya mis ojos,

llevo mi alma al Calvario,

que quiero contemplar la cruz.