la oración más básica

El otro día leí que todas las oraciones se pueden resumir en una de dos: “ayúdame” o “gracias.”

Me pareció interesante, pero creo que hay una oración aún más básica.

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Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash

En mi experiencia cristiana, hay una sola oración que es el fundamento de todas. Hay una oración que lleva a todas las demás. Creo yo que esta es, por excelencia, la oración del cristiano.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Cuando yo buscaba la voluntad de Dios antes de tomar unos viajes, antes de empezar mi carrera, antes de casarme y aún hoy, cuando busco la voluntad de Dios, Él ha ido reduciendo mis oraciones hasta llegar a esta sencilla oración.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Nada más.

¿Por qué creo que esta es la oración fundamental de la vida del creyente?

Cuando le pido algo a Dios, debo y quiero pedirlo dentro de su voluntad. Cuando no sé qué hacer, busco la voluntad de Dios. Cuando pido ayuda para no ceder ante la tentación, estoy pidiendo ayuda para actuar sólo en su voluntad.

Y finalmente, cuando se hace su voluntad, doy gracias y Él recibe gloria.

Porque esa es mi meta.

Fui creada para la gloria de Dios. Mis acciones, mis palabras, mis pensamientos, en fin… toda mi vida es para Su gloria. Entonces, idealmente, el resultado de cada oración que hago es la gloria de Dios.

No sé si se pueda decir de manera dogmática que cada oración es, en su fondo, “Hágase Tu voluntad, para Tu gloria.”

Sin embargo, hasta la fecha no he encontrado una oración sincera que no se pueda resumir o reducir a esta frase.

Quisiera sugerirte que también uses esta frase al orar, sería interesante saber cómo afecta tu vida de oración.

Darme cuenta de esto me ha ayudado mucho a poner todas mi oraciones en la perspectiva correcta. Por eso procuro en mi tiempo de oración siempre incluir esta frase fundamental.

“Hágase Tú voluntad, para Tu gloria.”

Reseña: Mujeres fuertes y los hombres que las aman

Mujeres fuertes y los hombres que las aman: Cómo construir la felicidad en el matrimonio cuando los opuestos se atraen fue escrito por Tom y Jane Lane y publicado en inglés en el 2015 y en español en el 2016 por la editorial Casa Creación. Es un libro de no ficción en el que los autores comparten su historia y algunos consejos para matrimonios que creen en el patrón bíblico, pero sienten que sus personalidades entran en conflicto con sus convicciones. Se dirige a parejas en las que la esposa tiene una personalidad más fuerte y el esposo es más pasivo, pero también tiene consejos que pudieran ayudar en cualquier matrimonio y, en general, es un libro que yo recomendaría.Portada Mujeres fuertes y los hombres que las aman

El libro tiene varios temas, entre los cuales resaltaron:

– los trasfondos familiares y cómo afectan las distintas personalidades

– las características que Dios ejemplifica y requiere de nosotros

– las diferencias de cada personalidad al enfrentarse con una crisis o un desacuerdo

Además, toma en cuenta el efecto que ha tenido el feminismo sobre el patrón bíblico del matrimonio ¡y hay todo un capítulo dedicado al tema controversial de la sumisión!

Como una mujer de personalidad fuerte, en cuanto leí el título el libro sabía que lo quería leer. Tristemente, el libro tuvo la gran desventaja de que ¡la leí justo entre dos libros de Elisabeth Elliot! Aún así, puedo decir que es un libro útil.

Quizás era de esperarse que el capítulo más controversial es el capítulo sobre la sumisión. Tuvo bastantes frases importantes que subrayé, sin embargo, sí hubo algunas cosas que los autores dijeron que me dejaron con dudas. Por ejemplo, su explicación de la sumisión me pareció excelente.

“El corazón de la sumisión realmente es confiar en Dios, que Él está en control, que Él nos conoce, que Él sabe qué es lo mejor para nosotros, y que Él cuidará de nosotros. Cuando entendemos la sumisión a los caminos de Dios, que Él nos ama y quiere lo mejor para nosotros, la sumisión llega a ser algo cómodo y satisfactorio. A final de cuentas, necesitamos saber que la sumisión no se trata de cambiar nuestras personalidades. Se trata, más bien, de una postura que tenemos en la relación hacia la otra persona.”

Por otro lado, habló del liderazgo como un don no tan íntimamente relacionado con la autoridad como se ve tradicionalmente.

“Si la mujer tiene don para manejar las finanzas, que ella se encargue. Si ella es mejor líder, que ella guíe.”

No sé si puedo estar de acuerdo con eso. Jane nunca aclaró si se refería a liderazgo en ciertas áreas de la vida, (quizás áreas en las que la esposa tiene más habilidad) o si era liderazgo de la familia. Y eso fue lo que me dejó un poco incómoda, especialmente al recomendar el libro.

Pero, quizás la cita que mejor resume el capítulo sobre la sumisión, la que más me ayudó y con la que estoy totalmente de acuerdo es la siguiente:

“La verdadera sumisión es comunicar con honestidad lo que sentimos y deseamos a nuestro esposo y luego ceder nuestro derecho de que las cosas se hagan a nuestra manera.”

El otro tema que más resaltó del libro, para mí, fue el tema de pedir perdón. Para tener una relación saludable, es importante pedir perdón cuando uno comete errores y Tom mencionó 3 formas de pedir perdón que realmente no cuentan.

  1.  “`Si he hecho algo que te ofendió, lo siento.´ Es pedir disculpas sin realmente pedir disculpas. […] Es procurar cubrir tu error sin reparar el daño.
  2. “La excusa del motivo impide el pedir perdón porque la persona afirma que la ofensa no fue intencional.”
  3. “Otra excusa es la de `lo que él hizo es peor de lo que yo hice.´ Indica que nos interesa más el problema que la relación.”

Nunca las había clasificado como tal, aunque tenía una idea general de estas distintas filosofías de disculpas. Creo que sería útil para cada pareja tomar en cuenta este análisis y reconocer cuando no están pidiendo perdón con sinceridad. Se podrían resolver bastantes problemas…

En conclusión, el libro me pareció bastante útil para una pareja cristiana que quiere obedecer las Escrituras pero sienten un conflicto entre sus personalidades y sus ideas de lo que son el liderazgo y la sumisión. Por otro lado, no creo que valga la pena para una pareja en la que él es más fuerte y ella más pasiva, aunque tiene algunos buenos consejos generales. Realmente se dirige a un público muy específico. Cuando terminé el libro, tenía más información sobre la dinámica de personalidades opuestas, una mente más instruida sobre la dinámica de personalidades distintas y cómo las afectan sus crianzas y con algunas preguntas importantes sobre la naturaleza de la sumisión. Me pareció un libro fácil de leer, con vocabulario sencillo y letra grande. Lo terminé rápido. Yo diría que cumplió su propósito en el sentido de que me hizo reexaminar mis convicciones sobre la sumisión y me hizo sentirme más cómoda con mi personalidad fuerte. Si eres parte de ese grupo de parejas en las que la mujer es más fuerte y el hombre más pasivo y sientes un conflicto con los conceptos de liderazgo y sumisión, este libro te podría ayudar.

En resumen: 4/5

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el deseo y la capacidad de hacer lo bueno

Me imagino que no quieres hacer lo malo.

Yo tampoco. Somos creyentes y queremos agradar a Dios. Y queremos hacer lo bueno.

Pero, como Pablo en Romanos 7:18 tenemos un problema.

…porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

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Imagen de Jeremy Perkins en Unsplash

Cuando somos salvos, y a veces aún antes de ser salvos, queremos hacer cosas buenas. Pero, aunque logremos hacer una que otra cosa buena, no podemos formar el hábito de hacer lo bueno. La tentación nos acecha y cuando menos lo pensamos ya volvimos a perder la paciencia, a herir a alguien con nuestras palabras o a decir algo que no es verdad. Siempre nos encontramos haciendo lo malo, otra vez.

Pero, cuando Dios nos salva y pone dentro de nosotros el deseo de hacer el bien, no nos deja con ese problema. Pablo mismo nos explica en Filipenses 2:13:

…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Dios nos da el deseo. Y luego produce en nosotros la capacidad de hacer lo bueno. Al momento de salvarnos, ¡Dios nos da una nueva naturaleza, una naturaleza capaz de resistir la tentación y hacer lo bueno!

Y entonces, ¿así de fácil haremos lo bueno?

Pues, no, porque Pablo dice en 1 Timoteo 6:12:

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna…

Hacer lo bueno, nunca será fácil. La naturaleza nueva que Dios nos da, no es una naturaleza fuerte, es una naturaleza bebé que necesita de alimento y cuidado para crecer y ser fuerte. Se requerirá de disciplina, de determinación y de dependencia diaria del Señor para reforzar cada vez más la naturaleza nueva y debilitar cada vez más la naturaleza vieja que es incapaz de hacer lo bueno. Y digo “cada vez” porque cada tentación es una oportunidad para dar fuerza a una naturaleza y debilitar a la otra.

Hacer lo bueno es una batalla.

Pero, Dios ya ha puesto en cada creyente la posibilidad de vencer lo malo y hacer lo bueno.

Y con la constante ayuda de Dios, ¡haremos un poco más de lo bueno cada día!

¿en qué me ocupo?

Estamos estudiando el libro de Romanos los miércoles y el día que estudiamos el capítulo ocho, el versículo seis me llamó la atención.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

No es un versículo que requiere de mucha explicación. Pero, sí es una verdad directa y difícil.

Pensé en mi carne, en mis deseos.

¿Cuánto tiempo, durante un día, paso pensando en algo del Espíritu?

Mientras lavo trastes o manejo a la escuela, ¿qué porcentaje de mis pensamientos se tratan del Espíritu? ¿Y qué porcentaje se trata de la carne?

Y no sólo pensando… ¿Qué tal hablando? ¿Leyendo? ¿Escribiendo? ¿Escuchando?

De las 24 horas del día, se supone que duermo siete u ocho, pero me quedan 16 horas más. Supongamos que el trabajo o la escuela me quita entre seis y ocho horas de concentración o de espacio mental.

¡Me quedan horas para ocuparme de lo que yo quiera! ¡Horas!

¿Y en qué las ocupo? Cuando escucho estaciones de radio o podcasts, cuando veo programas o videos en YouTube, cuando escucho música, leo artículos y libros, cuando envío mensajes de texto… ¿Estoy alimentando la carne? ¿O estoy nutriendo mi vida espiritual?

Ese día tuve que reconocer que muchas de las cosas que elijo, no son para mi bien espiritual. ¡Claro, no estoy escuchando, viendo o leyendo basura! Pero, quizás allí está el peligro. Ocuparme en cosas que mientras no son malas, tampoco me hacen bien.

Los placeres más inocentes son fáciles de permitir en mi vida… y luego es fácil perderme en ellos y jamás dedicar tiempo al Espíritu.

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Imagen de Toa Heftiba en Unsplash

Un video chistoso en YouTube ¡no tiene nada de malo! Pero, ¿cómo compararlo con escuchar la grabación de una predicación del evangelio?

Una conversación por Messenger sobre la maravilla que es el brownie con un poco de chile güajillo, está bien. Pero, ¿es más el provecho que cuando compartimos un versículo de la Biblia?

La última canción de Tori Kelly puede ser relativamente inocente. Pero, ¿qué tal la profundidad la letra de “O profundo amor de Cristo”?

¡No quiero dar a entender que todo esto es malo, horrible y hay que sacarlo de nuestra vida! Claro que se pueden disfrutar videos de YouTube, canciones pop y conversar sobre superficialidades. Pero, este versículo me recuerda que debo checar mis tiempos. Debo estar consciente de la cantidad de tiempo que estoy ocupando en cosas de poco provecho. Porque aunque sí se disfruten aquí, los placeres de la carne desvanecerán en el cielo, mientras que las cosas sustanciales, las de provecho espiritual, se convertirán en tesoros.

No se trata de abandonar todo lo que disfruto. Sólo se trata de inversión.

A final de cuentas, todo lo que yo hago aquí en vida es una inversión.

Y Romanos 8:6 me recuerda cuales inversiones valdrán la pena en la eternidad.