3 errores que cometí como maestra de una clase de la escuela dominical

Si un maestro no reconoce que puede aprender más, es un mal maestro. Y como yo comencé a enseñar muy chica, ¡cometí muchos errores al inicio!

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Imagen de Loren Joseph / CC-BY

Hoy quiero compartir lo que he aprendido de 3 errores al dar una clase de escuelita.

 

1. Permití que el enojo motivara mis acciones.

Cuando los niños se portan mal (y sí llegará el momento en que los niños se portan mal), es imprescindible mostrarles que no es aceptable y que Dios exige obediencia. Sin embargo, esto se debe enseñar mostrando el amor de Dios por esta preciosa alma y en perfecto control de las acciones de uno. Aunque yo quería muchísimo a mis alumnos, cuando hacían algo incorrecto, a veces los corregía por coraje y no para enseñarles que Dios exige obediencia. Quizás esto parezca extraño, pero aunque mis acciones probablemente hubieran sido las mismas, la motivación detrás era otra. Y es muy importante que al tratar a los alumnos, yo esté actuando conforme al carácter de Dios y no conforme a mis preferencias.

2. Confié en mi conocimiento de la Biblia.

Comencé dándoles clases a los niños de 3 a 6 años, entonces eran lecciones bastantes básicas como: Dios está en el cielo, Dios es amor, Dios todo lo ve… pero, aún así, debería de haber estudiado más sobre cada tema. No sólo porque uno nunca sabe qué preguntas se les van a ocurrir a esos niños, sino también por mi propio bien espiritual y mi desarrollo como maestra. Aunque sea un tema o una historia que ya conozco, si no profundizo mi estudio, se vuelve aburrido y repetitivo para mí y para mis alumnos.

3. Alcé la voz.

No me refiero a corajes, hablo simplemente de levantar la voz para que los niños me escucharan. Cuando empecé a dar clases, sólo una cortina nos separaba de la otra clase y cada ruido de ellos se escuchaba en nuestro salón y vice versa. Llegué a alzar la voz mucho para que mis alumnos me escucharan pero se convirtió en un mal hábito. Hasta la fecha, me cuesta trabajo dar una clase en voz normal. Es mejor bajar la voz, los niños tienen que poner más atención para escuchar, además, uno no estorba a los otros maestros (¡mil disculpas a los demás maestros de Zapopan!) Y si uno habla en voz baja, los niños se habitúan a hablar igual dentro del salón, ¡lo que siempre es una ventaja!

Espero tú puedas evitar estos errores. Al corregir o disciplinar a un alumno, examina tus motivos porque sí importan. Prepara no sólo una ilustración visual para la clase, sino también el material para que tú también aprendas de tu clase. Y finalmente, da las instrucciones, haz las preguntas y aún corrige a los niños en voz baja, ¡la clase será más tranquila!

¿Cuáles son algunas cosas que tú has aprendido al trabajar con niños? ¿Puedes compartirlos?

el momento más sabio de Pedro

“¡Señor, sálvame!”

Cuando leemos este clamor de Pedro, muchas veces pensamos que es uno de sus momentos más débiles.

¡Con cuánta fe había saltado del barco para dirigirse al Señor! Y unos minutos después ¡se está hundiendo! Tan rápido quitó los ojos del Señor, tan fácilmente perdio la fe…

Pero, yo propongo que este momento fue uno de los momentos más sabios de Pedro.

Se estaba hundiendo. Estaba rodeado de olas abrumadoras. Las nubes de tormenta lo amenazaban desde el cielo.

Y ¿qué hizo?

“¡Señor, sálvame!”

Pedro acudió al Señor cuando perdió la fe.

¡Si sólo nosotros pudiéramos aprender esa lección!

Es que cuando nos hundimos en el estrés, cuando las circunstancias de la vida son abrumadoras, cuando el fracaso nos amenaza desde el futuro lo más fácil del mundo es huir.

Abandonar la realidad viendo Netflix.

Olvidarme del mundo perdiéndome en YouTube.

Darle la espalda al problema atascándome de papitas o postres.

Pero, podemos aprender esto de Pedro: ¡vayamos al Señor!

¡Él nos rescatará! (Mucho mejor que lo pueden hacer Netflix, YouTube o la comida!) El Señor espera ayudarnos. El Señor conoce nuestras debilidades y quiere que aprendamos a depender de Él.

Cuando perdemos la fe, cuando nos estamos ahogando, no hay nada que lo complace más que escuchar nuestra desesperada voz.

“¡Señor, sálvame!”

Y cuando clamamos, Él llegará allí al instante, nos tomará de la mano y nos mostrará lo absurdo que es el perder la fe en Él.

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Imagen de: Photosightfaces Leading the way via photopin (license)

una entrevista con Fabiola

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Fabiola López es una hermana en Cristo que es activa en su iglesia local y apoya especialmente en la obra con niños. Hace unos meses pasó una semana en Irapuato con nosotros y pude hacerle algunas preguntas.

¡Espero su testimonio y sus respuestas te inspiren a ser misionero!

Si acabo de entrar a la comunión de la iglesia local, ¿cómo puedo ayudar? 

Primero observa. No puedes ayudar si no sabes de qué se trata el trabajo.

¿Cómo puedo alcanzar a mis vecinos? 

Primero me ocuparía de mi testimonio.

¿Tienes algunas ideas prácticas sobre cómo puedo cuidar mi testimonio? 

Ser constante con tu carácter y tu comportamiento.

¿Cómo les compartirías el evangelio?

Yo no soy de las personas que va por el mundo diciendo te quiero hablar de algo. Trato de cuidar mi testimonio, de ser constante en mi conducta y cuando alguien se acerca y me hace una pregunta, comparto todo.

¿Qué es importante recordar cuando quiero compartir el evangelio con alguien?

Que es urgente. Soy una persona que dice “Pero eres libre, tú decides.” Y no les dejo claro que es urgente. Sí son libres de decidir, pero lo que deben decidir ¡es creer!

¿Cómo puedo ser misionero?

La primera forma es involucrarte en tu asamblea. Seguramente hay muchísimas cosas para hacer en la asamblea por el Señor.

¿Cómo me involucro en la obra con niños?

Busca a los niños. Los niños siempre están listos.

¿Qué es lo más importante para ser buen maestro? 

Amar a los niños y ser justo. Es difícil ser justo. Y no ignorar un pecado sólo por no trabajar más. En la camioneta en la que pasamos por niños no se permite decir groserías. Si hay un alumno que en la camioneta dice una grosería y yo escucho aunque lo dijo bajito, mi deber es explicarle que no debe hacerlo porque él ya conoce la regla y eso es desobediencia. Pero yo sé que si lo regaño, él se va a enojar, va a decir más groserías y como es mayor y ejemplo a ala vez, los demás terminan haciendo lo mismo entonces ahora tengo muchísimo más trabajo. Pero, si lo ignoro, ya, no pasa nada. Entonces, es más fácil ignorarlo. Pero, no puedo ignorarlo porque es una forma de disciplinarme a mí misma, y al mismo tiempo una forma para ayudar a crecer al niño.

¿Es importante ser buen maestro de la escuelita bíblica? ¿Por qué? 

Obvio. Porque a veces pensamos que el tiempo con niños es tiempo perdido, pero realmente es una inversión. O sea, un niño es terreno fértil, es una mente totalmente inocente… realmente un niño es impresionante cómo puedes influir en él. No puedes decir que no es importante. ¡No puedes decir que no vale la pena! ¡A parte ni siquiera es pena!

¿Cómo puedo tener influencia en la vida de mis alumnos? 

Creo que siendo constante y demostrarle al niño que es importante para mí. Es importante cuando hace algo bien y también es importante cuando hace algo mal.

 ¿Por qué te quieren los niños?

Por la atención que les doy. (Y eso es por experiencia personal.) Porque cuando yo era niña, encontré en mis maestros de la escuelita bíblica cierto nivel de atención y amor que no tenía en mi familia. Entonces, ver que alguien me amaba tanto y que no fuera nada debí, fue como.. ¿por qué me quieres? Y mi pregunta se respondió con el tiempo. En mi caso, el amor que mi maestro mostraba hacia mí era el amor de Dios.

¿Qué es lo más difícil de la obra con niños? 

Para mí, la disciplina. La disciplina es enseñarles a obedecer con amor, porque a veces me molesto. Un ejemplo es una niña que no me encanta, no tiene un carácter que adoro entonces cuando ella hace algo mal, es difícil regañarla y es difícil decirle “…es porque te quiero mucho.” porque a veces estoy tan molesta que no lo siento. Otro ejemplo es una pequeña que hace cosas malas y me duele tanto regañarla… ¡deberías ver su cara de tristeza! Después sientes que tú hiciste algo mal, pero sé que debo enseñarle obediencia. En un caso debo controlarme para no regañar con coraje y en el otro debo decidir hacerlo.

¿Y qué es lo mejor de trabajar con niños? 

Lo mejor es un abrazo, un beso y un “Te quiero mucho” de un niño.

¿Un maestro de la escuela bíblica es misionero? 

¡Sí! Porque con tu trato hacia ellos tienes la oportunidad de mostrar el carácter de Dios. Y yo creo que esa es una forma de predicar el evangelio.

¡Muchas gracias por tu tiempo y tus respuestas! Sé que es de ayuda para mí y para los lectores. 

¿cómo van los propósitos de año nuevo?

Estamos a medio año, ya en pleno verano. Y francamente, los propósitos de año nuevo ya están muy lejos de la consciencia. Entonces, ¿por qué estoy hablando de propósitos de año nuevo en julio?

Pues, el 2017 para mí ha sido un buen año en cuanto a propósitos. Sigo estableciendo los hábitos que me propuse tener. Sí he fallado, claro. A la vez, he podido regresar sin desánimo al estilo de vida que me propuse en enero.

Pero, ¿por qué?

¿Qué factores predicen si voy a fallar o cumplir con mis propósitos de año nuevo?

Creo que son tres cosas que hacen toda la diferencia.

1. Son pocos.

Al principio del año, claro, había muchos cambios que quería hacer pero elegí sólo los más importantes (entre 3 y 5). Decidí que no podría enfocarme en tantos cambios a la vez. Cambiar hábitos requiere de mucha energía y creo que es mejor repartirla entre pocos para que haya más energía por hábito y así incrementar la probabilidad del éxito en el cambio. Las demás metas, las dejé para unos meses después, o para el próximo año.

2. Tienen fecha límite.

También me puse una fecha límite. “Quiero bajar de peso” es un deseo. “Quiero bajar 10 kilos para el 31 de marzo” es un plan. Me puse una fecha y una cantidad para cada propósito y así tuve un plan con el que podía iniciar. No me garantiza lograrla, pero tener una meta definitiva sí incrementa la probabilidad. Una fecha límite me motiva más (porque es más presión) ¡y me da un momento definitivo de celebración cuando al fin lo logro!

3. Tengo un compañero.

No tengo quién me acompañe en todos los propósitos, pero sí en algunos. Y tener alguien que está haciendo lo mismo que tú ¡ayuda mucho! Entre ambos nos animamos y nos motivamos. Cuando uno no tiene ganas, el otro le recuerda que es importante. Cuando al otro se le olvida, uno se lo recuerda. ¡Es muy bueno tener a un hermano o una amiga como compañero de propósitos de año nuevo!

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Imagen de Eric Rothermel / CC-BY

Obviamente, Dios es el que ha puesto en mi vida la capacidad y la disciplina para hacer lo que sí he logrado. Y hay algunas metas que aún no he logrado aunque ya nos pasamos de su fecha límite, pero no me voy a desanimar por eso. Simplemente voy a ajustar la fecha y procurarlo de nuevo. Dios me ayudará.

Y hablando de Dios, ¡es bueno consultar con Él antes de elegir propósitos y poner metas al iniciar el año!

Orar te convence de la importancia de cumplir los propósitos que Dios ha puesto en tu corazón. Y te ayuda a eliminar los que no son muy importantes.

Además, te infunde más la carga de responsabilidad que te estás tomando al establecer estas metas. Al orar acerca de tus propósitos de año nuevo, te haces responsable ante Dios mismo por cómo administras tu tiempo y tus hábitos.

Las tres cosas que señalé anteriormente, son claves para cumplir con tus metas cada año. Pero, si no oras al establecerlas, no tendrán mucho valor aunque las cumplas.

Si Jehová no edificare la casa,

    En vano trabajan los que la edifican;

    Si Jehová no guardare la ciudad,

    En vano vela la guardia.  

Salmo 127:1

La gran responsabilidad ante Dios intimida. Es normal temer la pena de no cumplir con pocas metas. El temor de fallar si pongo una fecha límite con una cantidad o un número es real. Evitar la responsabilidad de cumplir una meta con alguien es común. Pero, es importante tomar en serio la responsabilidad de crecer y desarrollarte.

Y es difícil, sí. En el 2017, ya he fallado un montón de veces. Pero, sigo intentando lograr mis metas en tiempo.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9

si eres cristiano, eres misionero (3/3)

Si eres cristiano, eres misionero.

Hay dos versículos que nos lo indican claramente.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2 Corintios 5:20

Como cristianos, somos representantes de Cristo en la tierra. Cristo, el que predicó claramente: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” El que tanto se preocupó por las almas perdidas, el que compartió la verdad con amor.

Cristo ya no está aquí en la tierra.

Nosotros sí. Y es nuestro deber representarlo bien.

Y si predicamos el evangelio, si mostramos Su amor, si compartimos la verdad, si somos buenos embajadores, habremos completado la obra tal como nos la pidió sin esfuerzo extra.

Es que es tan fácil creer que el regalar un folleto, el preparar un mensaje del evangelio, el compartir las Buenas Nuevas en conversación con un compañero son cosas extras. Creemos que sólo los cristianos super espirituales invitan a las personas a sus casas para hablar de la Biblia. Creemos que sólo los misioneros o los pastores pueden organizar una serie de clases para niños o una repartición de textos.

Pero si cada creyente lo hace, ¡no es más de lo que le pidió el Señor!

Es decir, el Señor nos nombra a todos y a cada uno como sus embajadores.

¡Tenemos que representar bien a Cristo! ¡Tenemos que vivir el evangelio, servir a los hermanos y buscar a los perdidos!

¿Y sabes qué?

No habremos hecho más de lo que debíamos.

Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. Lucas 17:10

Esta es la tercera entrada de tres sobre el cristiano misionero.