el sufrimiento y la gloria

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Imagen de Michael Barth en Unsplash

No hay gloria sin sufrimiento.

Y el sufrimiento siempre lleva a la gloria.

Aprendí esto en un estudio sobre 1 Pedro hace un par de semanas.

“…el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” 1 Pedro 1:10, 11

En la vida de Cristo, primero vino el sufrimiento y después, las glorias.

Y en mi vida también, primero tiene que venir el sufrimiento y después, las glorias.

Dios quiere ver gloria en mi vida.

Me quiere limpiar. Quiere mostrar a todo mundo que en mí puede crear la fe pura y permanente.

Pero antes de esa gloria, tiene que venir el sufrimiento.

“…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…” 1 Pedro 1:7

El fuego limpia, deja sólo pureza.

Me anima saber esto.

He pasado por días de fuego. Y pasaré por más.

Tú también.

Pero, el sufrimiento no será en vano.

El resultado en nosotros será fe pura, gloria brillante.

¿confío en mi camino?

“…comeréis fruto de mentira, porque confiaste en tu camino…” Oseas 10:13

Al iniciar proyectos nuevos o empezar etapas nuevas en la vida, buscamos a Dios. Buscamos su voluntad, queremos saber que estamos tomando la decisión correcta, ¿verdad?

Pero, este versículo nos recuerda que a medio proyecto, ya teniendo el plan, o al encontrar la rutina en la nueva etapa, ya sintiéndonos más cómodos, hay que seguir buscando a Dios.

Israel cometió el error de suponer que como había caminado con Dios en el pasado, podía seguir por su camino y estaría bien. Yo también, he llegado a confiar en mi experiencia, en las veces pasadas que Dios me ha guiado.

Gran error.

No confíes en que hasta el momento has caminado con Dios. No confíes en tu experiencia. No te sueltes de la mano de Dios.

El corazón es engañoso. Nuestra experiencia falla. Nos desviamos del camino de Dios.

Y terminamos comiendo el fruto de la mentira.

Te quiero animar hoy a depender totalmente de Dios.

Al principio de una etapa nueva o al iniciar un nuevo proyecto, sí. Pero también en medio.

Y también al terminar.

Sólo Él te puede guiar a un lugar donde fluyen leche y miel y mantenerte en ese lugar, donde no tendrás que comer el fruto de la mentira.

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Imagen de Levi Bare en Unsplash

3 retos inesperados al evangelizar

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Imagen de Tommy Lisbin en Unsplash

Cuando decides compartir el evangelio, sabes que no será lo más fácil. Pero, muchas veces los retos no son los que te esperabas. Sales decidido a no permitir que tal o cual problema te detenga ¡sólo para enfrentarte con un obstáculo totalmente inesperado!

Hoy te comparto 3 retos que me sorprendieron al compartir el evangelio.

1. La timidez. 

Para muchos es algo normal, pero yo no soy tímida. Aún así, de vez en cuando, al salir con el propósito de invitar a alguien a la del evangelio me siento tímida. Generalmente es algo repentino y no sé a qué se deba.

2. La conversación que divaga.

A pesar de que me es fácil conversar con desconocidos, nunca he aprendido a controlar una conversación. Así que cuando procuro hablar de las verdades de la Biblia y la persona decide irse por otro rumbo, no sé cómo dirigir la conversación para de nuevo hablar de lo que quiero compartir.

3. La oración constante.

Francamente, la oración es la parte más importante del evangelismo. Orar antes y después de compartir, añade mucho peso a la obra. La oración eficaz del justo puede mucho. Pero, tomar el tiempo para orar por las almas no salvas es más difícil de lo que uno cree. Es que es más sencillo seguir compartiendo, seguir haciendo, seguir buscando maneras de compartir el evangelio con más gente.

Estos tres retos me sorprendieron cuando empecé a compartir el evangelio. ¿Tú tienes retos similares? ¿O son totalmente distintos?

¿Que es lo que más te ha sorprendido al compartir el evangelio?

¿para qué es el conocimiento?

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Imagen de Aaron Burden en Unsplash

La primera parte de 1 Tesalonicenses 5 habla acerca de la vida cristiana y el contraste que debe tener con la vida del incrédulo. ¿Cómo debemos vivir? ¿Cuál debe ser nuestra motivación?

Los capítulos previos nos enseñan de la venida del Señor, de los deberes de los cristianos y del ejemplo de la vida de Pablo.

1 Tesalonicenses está repleto de cosas que los creyentes debemos aprender.

¿Por qué debemos saber todo esto?

No es para argumentar. No, para discutir. Ni para analizar nuestras vidas en contraste con las de otros.

1 Tesalonicenses 5:11 concluye:

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.

El apóstol nos dice por qué es importante conocer todo lo que él acaba de escribir.

El conocimiento no es más que el servicio.

El conocimiento no es menos que el servicio.

El conocimiento es para el servicio.

cuando nos parecemos demasiado a Jonás

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Imagen de Alexandre Chambon en Unsplash

El otro día, estaba escuchando ministerio sobre el libro de Jonás y terminé preguntándome si los creyentes aveces no nos parecemos demasiado a Jonás.

¿A qué me refiero?

Jonás era un hombre de Dios.

Nadie lo puede negar, era un profeta que realmente quería hacer la voluntad de Dios y llevar su mensaje al Pueblo de Israel.

Jonás también buscaba la justicia.

Sabía que Dios es justo y no sólo procuraba  ser justo, sino esperaba que los demás también vivieran según la justicia.

Sin embargo, Jonás se apasionó tanto en su búsqueda de justicia, que llegó al punto de que los injustos ya no le importaban.

La justicia para Jonás ya lo era todo, ya no era simplemente una meta que todos debían tener. Había pasado de ser algo que él procuraba ayudar a otros a alcanzar, a una simple medida que él usaba para decidir si alguien era digno de su mensaje o no.

Al reconocer estas características en la vida de Jonás, tuve que hacerme unas preguntas.

¿Cómo trato yo a los injustos?

¿Mi conversación con ellos es un simple, “Serás destruido”?

O ¿les explico a los injustos cómo Dios en amor y misericordia busca rescatarlos de la destrucción?

¿Me parezco demasiado a Jonás?